“Para partir”, obra escrita y dirigida por Ignacio Sánchez Mestre, establece un particular ritual de velorio: aquí el difunto organiza su propia despedida, frente al mar, con su canción preferida, dos botellas de whisky y sólo los invitados que él mismo eligió para compartir el tiempo, el espacio y también su voz. El jueves se estrena en el Teatro Sarmiento esta obra protagonizada por Luciano Suardi, Mara Bestelli, Mónica Raiola, Paula Grinszpan, Mariel Fernández, Andrés Pruss y Sofía Saborido. Dialogamos con Suardi sobre su personaje, un padre que sigue digitando las vidas de los hijos desde la ultratumba, y otros proyectos que encarará este año.
"Para partir": un velorio dirigido por el difunto
La obra, que subirá a escena el jueves en el Teatro Sarmiento, tiene como personaje protagónico a un padre de vida desconocida para sus hijos, que continúa digitando las vidas de ellos desde ultratumba.
Periodista: ¿De qué trata la obra?
Luciano Suardi: Hay un padre que se suicidó y que llevaba un tipo de vida, no doble, del tipo que se lo asocie a otra familia, sino una vida que sus dos hijas desconocían. Transcurre en una precaria casita frente al mar, ubicada en una playa nudista, donde el padre les deja encomendado que arrojen sus cenizas. En este lugar empiezan a descubrir a un padre que no conocían, además de encontrarse con un hermano del que sabían la existencia pero tampoco habían visto nunca.
P.: ¿Qué le atrajo del personaje del padre que usted interpreta?
L.S.: Soy el padre muerto que va apareciendo en las primeras escenas como mero observador, para detectar cuáles son las reacciones de su familia al llegar a ese lugar, sobre todo en relación con esos medio hermanos que van a conocerse. En determinado momento no hablará por su propia voz, sino que empezará este gran desafío, que me divierte mucho, y es que habla con la voz de todos ellos. Cuando mi personaje habla por ellos, empieza a manipular la comunicación y sus acciones, y en otros momentos también soy manipulado por ellos. Hay muchas cosas que se plantean grandes misterios en la obra, como la causa del suicidio del padre.
P.: ¿Y qué otros tópicos aborda?
L.S.: Habla de los vínculos familiares, de una manera muy tierna y con una escritura de mucha sensiblidad, humor y emoción en relación a cómo se van redescubriendo tras la muerte del padre. Desnuda ese mecanismo presente en la mayoría de las familias, donde hay instalados ciertos interrogantes y hay un puntapié para descubrir realmente quién es ese otro a quien tenemos tan cerca y muchas veces desconocemos. Al redescubrir al padre muerto se descubren a ellos mismos y se transforman. La obra habla de un momento extraño en la vida, de mucha teatralidad y deja abierto el camino a muchas lecturas.
P.: ¿Cómo describiría la dramaturgia y el trabajo de Sánchez Mestre con los actores?
L.S.: Siendo joven escribe con la mirada muy puesta en lo cotidiano, muy específica pero también muy especial. Es una mirada amorosa. Además soy parte de la compañía Buenos Aires Escénica de Matías Feldman, y hay algo en el trabajo con gente más joven que me revitaliza; en el caso de esta compañía del Sarmiento hay una mirada más experimental. No se pretende que la obra vaya necesariamente al éxito, claro que nos gusta llenar la sala, pero la curaduría de Vivi Tellas parece decir que no hace falta que eso suceda. Tanto Feldman como Mestre se permiten ese lugar de la experimentación que estoy feliz de no dejar, más allá de que pueda dirigir simultáneamente en el comercial o el oficial, hay algo del off que está.
P.: Va a dirigir en el Regio a mitad de año, ¿qué obra?
L.S.: “El adulador”, una comedia de Goldoni, es de 1750 con adaptación mía y de una actualidad impresionante. Trata sobre el vínculo entre un gobernador y su secretario corrupto, un gobernador que no tiene ganas de trabajar, no le gusta lo que hace y se deja embaucar por el secretario. Guillermo Arengo hace del gobernador, Alejandro Awada del secretario pérfido y Noralih Gago de la mujer del gobernante. Estrenamos a fin de junio.
P.: ¿Algún otro proyecto?
L.S.: Sí, reponemos “Prueba 3: Las convenciones”, de Matías Feldman en la sala Defensores de Bravard, en julio. Ahí vuelvo con un personaje muy querido por mí, el idiota.
P.: ¿Cómo vivió el trabajo en el Sarmiento en un año de crisis?
L.S.: Hasta ahora se cumplieron todos los plazos, pagos, vestuario, y la escenografía llegó un mes antes de lo pactado para poder ensayar, algo increíble. En este espacio pequeño no hubo situaciones donde hayamos sentido la crisis.
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