4 de octubre 2017 - 22:36

Acher: el lado B de “La Cenicienta”

El ex Les Luthiers y ex Banda Elástica también encara, junto con Esteban Morgado, el “Proyecto Rubí”, de reelaboración del tango clásico

Cenicientos. Jorge de la Vega (izq.) y Ernesto Acher reunidos en un show de música y humor en el Centro Cultural Borges.
Cenicientos. Jorge de la Vega (izq.) y Ernesto Acher reunidos en un show de música y humor en el Centro Cultural Borges.
Ernesto Acher, figura señera en la detección del humor en el interior de las composiciones musicales más solemnes (tarea de la que, a lo largo de los años, dio sobrados testimonios geniales en obras como "Juegos" o las creaciones de "La Banda Elástica"), tiene una nueva misión: explorar el lado oscuro de los cuentos populares.

Así, junto a Jorge de la Vega, estrenaron esta semana "La verdadera historia de la Cenicienta" en el Cultural Borges, donde continuarán presentándose todos los domingos a las 11.30 en el auditorio Astor Piazzolla de ese Centro (Viamonte 525).

Clarinetista, arreglador, compositor, humorista y ex Les Luthiers (grupo en el que compuso personajes tan entrañables como el Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, o el Capitán de Las Majas del Bergantín), Acher, que residió varios años en Chile actuando y ejerciendo la docencia en la Universidad Diego Portales de Santiago, donde también enseñó literatura y métodos narrativos, regresó al país para sumarse al proyecto que volvió a reunirlo con De la Vega y encarar otros nuevos. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Sigue en la línea de sus espectáculos anteriores con Jorge De la Vega?

Ernesto Acher: Así es. En verdad, en un primer momento pensamos en recrear nuestro gran éxito, "Los animales de la música" de hace unos ocho años, pero por razones de presupuesto no pudimos contar ahora con una orquesta sinfónica. Nos pusimos a crear, entonces, ese "lado oscuro" de la Cenicienta, que entre los cuentos clásicos es el que mejor se adapta al juego. Digamos que "La verdadera historia de la Cenicienta" es la versión de cámara de nuestros espectáculos anteriores, con un cuarteto de cuerdas, un teclado, Jorge en flauta y quenas, yo en clarinete, y un "relator en off" de lujo, Pelusa Suero, la clásica voz de Larguirucho y otros personajes clásicos de la TV, que aunque no reconozcan los chicos seguramente lo harán los padres, y los abuelos.

P.: ¿A qué edades está dirigido el espectáculo?

E.A.: De cuatro años y medio para arriba. La participación de los chicos siempre es extraordinaria. Uno de los mejores recuerdos que tengo es a la salida de una de las funciones que hicimos en el Teatro Colón. Un chiquito se acercó a mím, sorprendido, y me tiró del saco. Entonces le dijo a su madre: "¡Mirá, es de verdad!". Es decir, ese chico había creído, hasta ese momento, que yo era tan irreal como los personajes que ve en la televisión o en el cine. Yo había entrado en esa fantasía, y ahora él estaba tomando contacto por primera vez con lo que es el teatro.

P.: ¿Qué diferencias hay entre aquel público de los 60 y 70, pongamos, y el actual? ¿Se pueden hacer los mismos shows, con los mismos sobreentendidos culturales? Perdón, sé que es una pregunta con respuesta inducida...

E.A.: Y... hay diferencias. Durante mis años de docente en Chile me he llevado sorpresas desagradables. A mí no me preocupa tanto la forma de la educación, porque todo tiene que evolucionar, pero sí el deterioro de la educación. El lenguaje es un código de la comunicación. Si se deja de escribir no se percibe el error. Mi amigo, Roberto Fontanarrosa, solía defender la tesis de García Márquez sobre el fin de la ortografía, el no respeto a las normas ortográficas. Pero mire usted quiénes lo decían: dos prosistas extraordinarios. Era una travesura. En la práctica, en cambio, es una desagradable realidad. La noción social de la cultura se ha deteriorado.

P.: ¿Y la música?

E.A.: No soy muy optimista tampoco en lo que se refiere a la música popular. La instrumental está despareciendo, y además suele convertirse en mero soporte de versitos de mala calidad. Afortundamente siguen activos monstruos como Chico Buarque, que es una exquisitez.

P.: ¿Y en qué proyectos está?

E.A.: El que más me entusiasma es uno que tenemos con Esteban Morgado, y que dejamos inconcluso por mi viaje a Chile. Se llama Proyecto Rubí, y es un regreso y reelaboración del tango clásico, de Cobián, de Troilo, de esa gran tradición. La poesía de Manzi, de Cadícamo. Somos cuatro en esto, con Clarita Steinberg, que fue parte de Buenos Aires 8, y Daniela Basso.

Marcelo Zapata

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