21 de septiembre 2016 - 10:36

Actividad debería reactivarse

El año próximo la actividad económica debería reactivarse por el efecto positivo sobre el consumo de los mayores pagos a jubilados, la menor inflación sobre el poder adquisitivo, el aumento en la obra pública, algún derrame del blanqueo, perspectivas no tan negativas en Brasil y una mejora en la cosecha. Existen algunos riesgos en esta proyección de corto plazo. El más importante es que los aumentos salariales que empiezan a negociarse no tengan en cuenta la reducción en la tasa de inflación proyectada. Es razonable esperar que los salarios reales se recuperen el año próximo, pero aumentos superiores pueden llevar a una inflación mucho más alta si el BCRA cede y relaja su política monetaria. Cuando el foco se pone más allá del año electoral hay inconsistencias importantes en la política económica. Falta una visión de "equilibrio general" que contemple los efectos de las propuestas de cada área del Estado en la economía en su conjunto.

La decisión de reducir casi imperceptiblemente el déficit fiscal y financiar la transición en buena medida con recursos del exterior tiene efectos colaterales al atrasar el tipo de cambio real. Pero además la existencia de un déficit externo con la economía en receso y con baja inversión es una señal clara de que la economía consume por encima de sus posibilidades.

En materia de reformas estructurales los avances han sido escasos e incluso ha habido algunos retrocesos. En el haber se trabaja en un proyecto de reforma del sistema de protección de accidentes de trabajo y se avanza en medidas de desregulación propuestas desde el Banco Central. En el debe, se destacan la ley de autopartes con incentivos fiscales de una generosidad inusual o la dudosa eficacia costo-beneficio social de algunos proyectos de inversión.

(*) FIEL

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