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Adiós a Mario Sapag, el hombre de las mil caras
Mario Sapag alcanzó el punto más alto de su popularidad con «Las mil y una de Sapag», donde imitó numerosas figuras del espectáculo, la política y la cultura.
Sapag también pasó por otros programas, como «Cinco pisos en las nubes» (él y Dorita eran los porteros), «La matraca», «Sábados circulares» (imitaba a Sergio Villarruel), la serie de Ibáñez Menta «El hombre que volvió de la muerte» (solo unos capítulos), «Rulos y moños» (por radio), y «César Bruto candidato», donde Joe Rigoli encabezaba el Partido Brutista Transigente y Sapag era el delegado de los modistas.
Su afirmación vino en los 70, como secundario de algunas temporadas de Olmedo, Porcel y Altavista en los programas «Operación Ja Já», «Polémica en el bar» y «El botón», de los hermanos Sofovich, y en el primer programa de Juan Carlos Calabró, «La vida en Calabromas», 1978.
La consagración recién le llegó en 1984, con «Las mil y una de Sapag» donde, gracias a celebrados maquillajes, hacía jocosas imitaciones del entonces presidente Raúl Alfonsín, su ministro Dante Caputo, Roberto Galán, Hugo Guerrero Martinheitz, Menotti, Gandhi, Carlos Menem y, entre otros, Jorge Luis Borges, quien le dio un inesperado respaldo cuando el Comfer quiso prohibirlo por falta de respeto. «Pobre señor, déjenlo trabajar en paz. Ya bastante sacrificio es tener que ponerse en mi persona, y yo lo sé muy bien porque me padezco todo el día», dijo el escritor. Pero la verdad es que lo mejor de esa imitación era el maquillaje.
Aquel programa hizo hasta 60 puntos de rating. Pero en los 90 Sapag apenas tuvo audiencia con «El humor es más fuerte» y, dirigido por Emilio Disi, «Imitaciones peligrosas».
En cine apareció en una veintena de comedias, incluyendo «Canuto Cañete, conscripto del 7», con Carlos Balá, 1963, siete de Enrique Carreras con Palito Ortega o la dupla Olmedo-Porcel, tres de Julio Saraceni (entre ellas «La obertura», cuyo título original era «No me toques la obertura»), dos de Enrique Dawi (acaso señalable su parte junto a Luis Landriscina en «El casamiento de Laucha»), una de Hugo Sofovich («El telo y la tele», que registra sus imitaciones políticas), etc. Dos rarezas, el melodrama «Necesito una madre», de Fernando Siro con libreto de María Elena Walsh, y el thriller «Nada por perder», con Ova Sabatini, Paola Krum y Lito Cruz, 2001, que fue su último trabajo fílmico.
P.S.


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