Según fuentes cercanas al CDA, durante el encuentro los despachantes le plantearon al funcionario las enormes dificultades que enfrentaban tanto sus firmas como sus clientes, que van desde los cierres de locales por falta de mercadería hasta la necesidad de cerrar fábricas por la falta de insumos o partes. También se habló de que las terminales están tan abarrotadas de containers que ya no pueden entrar ni los camiones.
La Aduana prometió que esta semana esos containers -siempre que se haya cumplido con los trámites ante la AFIP y recibido el visto bueno de la Secretaría de Comercio Interior- comenzarán a salir del puerto. Los despachantes le dijeron que justamente en la dependencia de Guillermo Moreno se originan los problemas: es allí donde hay cerca de 130.000 pedidos de importación «observados». El funcionario dijo que la promesa incluía la aprobación por parte de Moreno de buena parte de esos despachos.
Los despachantes recordaron que a las puertas de los depósitos fiscales de Buenos Aires (DEFIBA) hay en estos momentos noventa camiones cargados con mercadería tan diversa como latas de durazno y autopartes, todos ellos llegados desde Brasil y Uruguay. Toda esa mercadería está hoy en el denominado «canal rojo». Esa categoría garantiza una demora de al menos treinta días para poder retirar los bienes del depósito fiscal.
Si bien Santanna no les aseguró que pasarán a «canal verde» de inmediato, les adelantó que esta semana comenzará a realizarse una «verificación» y luego se liberarán las cargas.
La gran pregunta en este caso es si la medida de la autoridad aduanera cuenta con el visto bueno de Moreno, verdadero dueño de la vida y la muerte en lo que hace a importaciones. Nadie se animó a preguntarle a Santanna si esta liberalización repentina había sido acordada con el poderoso funcionario.
No fue el único indicio positivo que recibieron ayer los importadores: Alejandro Bzurovski, presidente de la Unión de Exportadores del Uruguay, dijo en el programa radial «Comercio Exterior Siglo XXI» que los presidentes Cristina de Kirchner y José Mujica habían convenido que los dos países aceptarán operar en las monedas de ambos países en sus operaciones de comercio exterior. La medida había sido solicitada por todo el sector privado uruguayo como una forma de destrabar las exportaciones hacia la Argentina que -según fuentes de ese país- cayeron un 10% en marzo y amenazan con descender un 10% adicional en abril.
Esta «desdolarización» del comercio bilateral ya se aplica con Brasil, pero sin éxito. El gran problema con las operaciones con Uruguay, además, es con qué tipo de cambio se arbitrarán esas operaciones; cualquiera que haya viajado al país vecino sabe que en las casas de cambio el peso se arbitra según el dólar «blue»; habrá que ver si los exportadores orientales estarán dispuestos a perder el «spread» entre el «blanco» en que cobrarán y el «blue».
En tanto, continúan acumulándose los faltantes en insumos y mercaderías varias. Veamos algunos casos:

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