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Aerolíneas al revés
La medida tiene lógica: son pocos los trabajadores del planeta a quienes sus empleadores les facilitan el transporte, y sobre todo en limusinas. A lo sumo, algunas plantas fabriles ubicadas en extramuros ponen micros por turno para sus operarios. Ahora, quienes salgan del romano aeropuerto de Fiumicino dispondrán de un estacionamiento exclusivo para dejar allí sus autos.
La agencia ANSA recoge las declaraciones de una empleada de la «vieja» Alitalia, quien resume la situación de manera inmejorable: «Tengo sólo una moto y no puedo usar el coche de mi marido; qué hago ahora para ir al trabajo, tendré que comprarme un coche... y pensar que cada vez que venía a buscarme el auto azul me sentía Jennifer Lopez». Desde ya, los pilotos de Aerolíneas Argentinas seguirán sintiéndose Jennifer Lopez o Brad Pitt: no sólo los recogen y los devuelven a sus hogares en remís; también tienen a su disposición un sinnúmero de pasajes (en clase ejecutiva, desde ya) para sus amigos y parientes; además, cuando viajan al exterior a hacer un curso cuentan con un auto alquilado y un cuarto en appart hotel, más el derecho de llevar compañía.
Cabe recordar que la estatal Alitalia, por privilegios como éste más una pésima administración, quedó al borde de la desaparición, de la que la salvó un grupo de empresarios privados que se comprometió a ponerla en caja. O sea el camino exactamente inverso al que sigue Aerolíneas Argentinas.


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