Volvió un clásico: la histórica pelea entre pilotos de Austral y Aerolíneas Argentinas está provocando importantes atrasos en la partida de los aviones de ambas empresas reestatizadas. Según pudo averiguar este diario, vuelos con destinos tan diversos como El Calafate, Iguazú, Miami, San Pablo y Madrid salieron en los últimos días con retrasos de hasta tres horas.
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Nuevamente entonces, tal como sucedía en los -no muy lejanos- tiempos en que la española Marsans era dueña del grupo aéreo local, el gremio de los pilotos de Aerolíneas, APLA, apunta a quedarse con todas las fichas de afiliación de su rival de Austral, UALA, y a la ulterior desaparición de esta aérea.
Todo comenzó cuando Jorge Pérez Tamayo, el presidente de APLA y hombre del secretario de Transporte Ricardo Jaime, consiguió que ocho jóvenes pilotos de Austral cambiaran de sindicato y abandonaran UALA para sumarse a su tropa. Esto se habría conseguido con la ayuda de algunos ex dirigentes de UALA que fueron removidos de la conducción del gremio.
¿Por qué los atrasos, entonces? Sucede que el gerente de programación de vuelos de Austral es un hombre de UALA, y decidió no programar a esos pilotos para volar las rutas de la compañía. La actitud provocó la esperable reacción de sus enemigos de APLA, que a partir de ese momento lanzaron una medida de fuerza encubierta, consistente en la no salida a horario de aviones, aduciendo «fallas técnicas». Esas supuestas averías son «reparadas» en dos o tres horas, luego de lo cual la máquina parte hacia su destino, con la obvia complicación para los pasajeros, que hasta ahora se limitan a protestar.
Está claro que la oferta de Jaime/Pérez Tamayo es atractiva para los pilotos más jóvenes de Austral: la opción es permanecer en una aérea cuyo destino más lejano es Río Gallegos, y sobre cuya continuidad hay dudas que se plantean desde los despachos oficiales, o pasar en el futuro cercano a Aerolíneas Argentinas, que en poco tiempo los hará volar aviones de gran porte y hacia todo el mundo.
¿Qué aducen los hombres de UALA para no programar a los ocho «rebeldes»? Exigen que APLA -que a su vez controla la Gerencia de Operaciones de Aerolíneas Argentinas- programe a los 25 pilotos calificados de «carneros» por su propio sindicato. Son los comandantes y copilotos que, en el conflicto llevado adelante por APLA y que concluyó con la salida de Marsans, decidieron seguir volando y no adherirse a las huelgas salvajes lanzadas por Pérez Tamayo. Son los pilotos cuyos nombres fueron escritos en el piso de la entrada de APLA para que todo el que ingrese a las oficinas no tenga más remedio que pisotearlos. Pérez Tamayo se niega de plano a que esos aviadores vuelvan a comandar una máquina de Aerolíneas, y así están las cosas hoy en la mayor transportadora aérea del país.
Ayer, la página de internet de Aeropuertos Argentina 2000, por citar algún caso, ponía el cartel «Consulte a la compañía» sobre el horario de partida del vuelo AR 1302 a Miami. Fuentes del mercado indicaban que anoche iba a partir al menos con tres horas de retraso respecto del horario previsto para su decolaje, que era el de las 23:25. La misma indicación se daba para el vuelo 1135 procedente de Madrid.
Por ahora, a un año de asumido el control, y a pesar de los ingentes esfuerzos de su presiente Julio Alak, el grupo Aerolíneas/Austral sigue perdiendo cerca de un millón de dólares por día. La cifra seguramente volverá a ser descalificada por Jaime, como cada vez que se habla de números que no le gustan, aduciendo que el déficit no llega a los u$s 15 millones mensuales (una cifra de todos modos impresionante). Sin embargo, el «detalle» que omite Jaime es que a ese número se debe adicionar lo que gira el Estado todos los meses para pagar los salarios de Aerolíneas, Austral y el resto de las empresas que conforman el grupo.
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