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Aerolíneas ya despide a pilotos “opositores”
Jorge Pérez Tamayo
Se trata de un grupo de aviadores que no se plegaron a la retahíla de huelgas salvajes lanzada por el gremio que los agrupa, APLA, y que resultaron en la confiscación de la compañía. Recalde había anticipado que la «racionalización» de la empresa, que pierde u$s 3 millones al año, arrancaría con la desvinculación de esos pilotos, que serían 26.
Es obvio que la dimensión del «ahorro» que conllevarán estos despidos empalidece ante el déficit operativo de Aerolíneas; sin embargo, esas desvinculaciones tendrían como único objetivo satisfacer una demanda de Jorge Pérez Tamayo -secretario general de APLA y piloto del avión presidencial-: los «carneros» no vuelan desde hace más de un año porque sus «compañeros» del gremio se niegan a compartir cabina con ellos.
La semana pasada estos pilotos fueron convocados al servicio médico de la empresa para una revisación calificada como de rutina. Lo llamativo, sin embargo, es que la convocatoria fue hecha a través de telegramas. Los pilotos se presentaron todos juntos, pero para su sorpresa sólo se les pidió el certificado psicofísico que emite la Fuerza Aérea. Al otro día comenzaron a llegar los telegramas, en este caso de despido, y en tres casos comunicando la jubilación obligatoria.
«La presentación del certificado tuvo como único fin que no podamos aducir enfermedad para no ser despedidos», dijo a este diario uno de los comandantes afectados por la mediad oficial. «Sabemos que vamos a terminar todos en la calle, y es una tremenda injusticia: muchos de nosotros ni siquiera boicoteamos las medidas de fuerza; nos limitamos a firmar una solicitada apoyando la gestión de los ex propietarios privados de la empresa».
Los pilotos jubilados recibieron un telegrama en el que se los «invita» a pasar por la sede de la empresa a retirar la documentación necesaria para comenzar el trámite. En el telegrama se lee que «el presente preaviso de extinción de contrato de trabajo determina que la empresa lo exime de prestar servicios con goce de haberes, en orden a la imposibilidad material de asignarle funciones como consecuencia de concurrir razones objetivas debidamente documentadas y vinculadas a la seguridad operacional». Los comandantes responden que ninguno de ellos tiene accidentes o incidentes en sus legajos. «No sacamos ni una rueda de la pista», aseguró la fuente. «Esto es por la pelea con APLA».
Cabe recordar que el sindicalista Pérez Tamayo escribió los apellidos de los «carneros» en el piso de la entrada de su sede gremial, para que todo aquel que ingresara al edificio los pisoteara. También es obvio que 25 despidos no inclinarán la balanza hacia los números positivos.
En general se trata de comandantes de Boeing 747-400 (la máxima calificación a la que pueda aspirar un aviador), con edades muy lejanas a las que habilitarían una jubilación anticipada. Además, ante la negativa de la empresa a darles horas de simulador de vuelo para mantener sus calificaciones, muchos de ellos se pagaron esos simuladores de su propio bolsillo, en el extranjero. Lo llamativo es que no son los únicos que no vuelan: de un plantel cercano a los 1.000 pilotos, hay unos doscientos en cursos, capacitaciones y otras «tareas» en el extranjero (en este caso, pagadas con fondos públicos).
La medida asumida por las autoridades de Aerolíneas confirma que la empresa sigue siendo manejada por los pilotos de APLA, prohijados por el titular de la CGT Hugo Moyano. Esto, pese al durísimo enfrentamiento que mantienen con los demás gremios, en especial con APTA (técnicos), cuyo líder es el ex subsecretario de Transporte Aerocomercial Ricardo Cirielli.


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