12 de marzo 2012 - 00:00

Afganistán: EE.UU. se complica más por una masacre de civiles

Una mujer llora junto a cuerpos de víctimas asesinadas por un soldado norteamericano en la localidad de Alkozai, en el distrito de Panjwai. A la derecha, Anar Gul, desconsolado por la muerte de su nieto.
Una mujer llora junto a cuerpos de víctimas asesinadas por un soldado norteamericano en la localidad de Alkozai, en el distrito de Panjwai. A la derecha, Anar Gul, desconsolado por la muerte de su nieto.
Kabul - Un soldado estadounidense mató ayer a 16 civiles e hirió a otros cinco durante una incursión armada realizada a la madrugada cerca de una base militar en la provincia de Kandahar, en el sur de Afganistán, un hecho aberrante que obligó a Barack Obama a manifestarse profundamente apenado.

Un miembro del consejo administrativo local informó que las víctimas son tres mujeres, nueve niños y cinco hombres, y que el militar estadounidense abrió fuego contra ellas tras abandonar por causas desconocidas su base en el distrito de Panjwai.

La misión de la OTAN, la Fuerza de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF), divulgó a primera hora de la mañana un comunicado en el que lamentó «un incidente que ha desembocado en víctimas afganas», y expresó sus «condolencias» a las familias. Lo propio hizo en Washington un vocero del Departamento de Estado.

El texto de la ISAF informó que el soldado implicado en el «incidente» había sido arrestado, pero no precisó el número de víctimas causadas por su agresión.

En el comunicado tampoco se indicó el motivo que habría inducido al soldado a cometer la matanza, sobre la que anunció que la ISAF abrirá una «investigación» y «se rendirán cuentas plenamente».

Con todo, testigos culparon a varios efectivos que, dijeron, se reían como si estuvieran borrachos, señaló la agencia Reuters. Según dijeron fuentes militares posteriormente, el soldado sufrió de una crisis nerviosa.

En declaraciones a la agencia local AIP, un portavoz del movimiento talibán, Qari Muhammad Yousaf Ahmadi, afirmó, en paralelo, que 45 civiles habían muerto en el incidente, y que no se había tratado de una acción individual.

«No fue obra de un solo soldado sino de varios que entraron en las casas para matar a gente», dijo el portavoz insurgente, que aseguró que sólo en el poblado de Palambi habían muerto once miembros de una misma familia.

El creciente movimiento ultraislamista talibán suele magnificar los incidentes de este tipo.

Cuna del movimiento talibán en la década del 90, Kandahar es uno de los principales feudos de los insurgentes, que cuentan con simpatía popular en la provincia y la han convertido en escenario frecuente de operaciones armadas.

En declaraciones al canal de televisión local Tolo, el portavoz del Ministerio de Interior afgano, Sediq Sediqi, hizo un llamamiento a la calma, y pidió a la población de Kandahar que permanezca tranquila hasta que «se esclarezca el incidente».

«Es un incidente infortunado, pero pedimos a la gente que espere al resultado de la investigación», apuntó.

La matanza se produce en medio de un fuerte clima antinorteamericano tras la quema de coranes por soldados de EE.UU. a fines de febrero en la base de Bagram, cercana a Kabul y la principal de la OTAN en suelo afgano.

Una treintena de personas murieron en la represión de las manifestaciones de protesta convocadas en diversos puntos de Afganistán por la profanación, que el mando norteamericano lamentó y atribuyó a «un equívoco».

El presidente Barack Obama teme que la nueva matanza reavive la tensión y complique sus planes de retirada. «Este incidente es trágico y chocante», dijo un comunicado en el que se declaró «profundamente apenado».

Un total de 130.000 soldados extranjeros permanecen en Afganistán tras el comienzo en julio de la salida gradual del contingente de la OTAN desplegado en el país asiático, de acuerdo con un calendario que está previsto que concluya en 2014.

El proceso coincide con una de las etapas más sangrientas del conflicto iniciado hace más de una década y abre incógnitas sobre el futuro del país ante el fracaso de los intentos de poner en marcha un proceso de negociación entre el Gobierno del presidente Hamid Karzai y el movimiento talibán.

El mandatario dijo respecto de los últimos episodios que constituyeron un «acto intencionado».

«Se trata de un acto intencionado para acabar con la vida de seres humanos», denunció en un comunicado enviado por su oficina de prensa y en el que se precisa que el atacante entró en las casas de las víctimas.

«No lo vamos a olvidar», advirtió el texto, en el que Karzai exigió que se ponga fin a «las llamadas operaciones antiterroristas, que desembocan en asesinatos deliberados».

Agencias EFE, ANSA, Reuters y AFP,

y Ámbito Financiero

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