Pese al impresionante despliegue de seguridad previsto para mañana donde 100.000 soldados occidentales y 200.000 locales velarán por la seguridad, estas elecciones están de antemano empañadas por la amenaza de boicot y fraude por parte de los talibanes. Los observadores internacionales aclararon que no llegarán a las zonas más peligrosas y sólo el 65% de las mesas de votación podría ser revisado. En materia de pronósticos, las encuestas muestran que el presidente afgano, Hamid Karzai, ganaría las elecciones presidenciales de mañana, pero no con la mayoría necesaria para evitar una segunda vuelta ante su principal rival: el ex canciller Abdulá Abdulá. Dos sondeos independientes, encargados por el Gobierno de Estados Unidos y publicados la semana pasada, dieron a Karzai alrededor de un 45% de los votos, frente a un 25% de Abdulá.
A continuación, algunos escenarios que podrían presentarse:
El presidente aún sería el principal candidato, pero una carrera entre dos sería un reto porque sus oponentes tendrían finalmente un abanderado alrededor del cual situarse.
Karzai depende en parte del apoyo de los poderosos ex jefes guerrilleros y jefes regionales, pero alguno podría alejarse si no están seguros de que va a ganar. Las raíces de Abdulá están en el movimiento guerrillero antitalibán Tayik en el Norte, y aún acapara la mayoría de su apoyo en esa zona. Pero su padre era un pashtun del Sur, y Abdulá parece haber tenido algún éxito a la hora de ampliar su respaldo más allá de la base tradicional de su movimiento.
Karzai continúa siendo el único candidato con una oportunidad real de obtener más del 50% de la votación en primera ronda. En las primeras elecciones democráticas del país en 2004, logró un 54%.
Los afganos tienen opiniones variadas sobre Karzai. La seguridad en algunas partes de Afganistán se deterioró mucho desde 2004 pese a un incremento en la presencia de tropas extranjeras, y muchos afganos se quejan de que el Gobierno de Karzai es corrupto, ineficiente y está en deuda con Occidente.
La violencia este año está en su peor nivel desde la caída de los talibanes en 2001 y empeoró antes de las elecciones.
Los milicianos talibanes llamaron a boicotear los comicios y prometieron interrumpirlos.
Un informe de la ONU emitido la semana pasada dijo que la intimidación y los ataques interfirieron con los preparativos y la campaña para las elecciones, y podría evitar que muchos afganos acudan a las urnas. La violencia está principalmente concentrada en el Sur, donde Karzai obtiene gran parte de su apoyo. Episodios de violencia que supriman la participación de esta zona podrían incrementar las probabilidades de una segunda vuelta. La violencia también obstaculiza los esfuerzos de prevenir el fraude, y podría añadir dudas a la legitimidad del resultado.
Diplomáticos occidentales dicen que el principal objetivo es asegurar que las elecciones son creíbles y legítimas, pero las enormes distancias, los poderosos jefes locales, las bajas tasas de alfabetización y las débiles instituciones dificultan evitar los abusos. Hubo reportes de venta de tarjetas de votación de electores falsos y un número sospechosamente alto de mujeres registradas, posiblemente por hombres que podrían tratar de depositar votos en su nombre, una práctica que permitiría el fraude.
Agencias Reuters y DPA


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