10 de diciembre 2009 - 00:00

Afganistán, un drama a largo plazo

Nawbahar, Afganistán - El presidente afgano, Hamid Karzai, se ha pasado buena parte del año advirtiendo a las tropas internacionales que un día tendrán que irse de Afganistán y recordándoles que no todo el monte es orégano. Es decir, que no pueden hacer lo que quieran en el país. Y menos aún bombardear a población civil.

Sin embargo, Karzai modificó radicalmente su discurso, y eso que las tropas estadounidenses mataron a decenas de personas en la provincia de Laghman, al este de Kabul, según denunciaron oficiales afganos, que aseguraron que entre los fallecidos había civiles. Y es que algo muy sustancial ha cambiado. Antes las fuerzas norteamericanas no tenían fecha de retirada. Ahora sí: julio de 2011, según anunció la semana pasada Barack Obama.

Karzai aprovechó la visita a Kabul del secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, para advertir que las fuerzas de seguridad afganas necesitarán ayuda extranjera, como mínimo financiera, hasta al menos 2024. Y no dijo ni una sola palabra sobre el letal ataque estadounidense, a pesar de que decenas de personas se manifestaron en las afueras de Mehtar Lam, la capital de Lagham, para protestar por el bombardeo.

El portavoz del gobernador de la provincia, Sayed Ahmed Safi, corroboró la muerte de civiles y denunció que la operación se había llevado a cabo «sin ninguna coordinación con las fuerzas afganas». Fuentes de la OTAN confirmaron el ataque, pero precisaron que siete insurgentes habían muerto y que no tenían «informes que demostraran el daño a civiles, que incluyera a mujeres y niños». Asimismo, añadieron que tampoco sabían si las tropas que habían llevado a cabo la ofensiva eran estadounidenses o de algún otro país.

«Esperamos que la comunidad internacional y EE.UU., como nuestro primer aliado, ayuden a Afganistán a mantener a su fuerza», fueron las palabras exactas de Karzai, en una rueda de prensa conjunta con Gates en Kabul. «Afganistán está deseando asumir la responsabilidad de pagar por sus fuerzas y proporcionarles recursos, pero eso no será posible hasta dentro de 15 años», añadió.

Actualmente, el ejército afgano cuenta con unos 95.000 efectivos, y la policía, con 93.000. Sin embargo, la comunidad internacional pretende que esas fuerzas lleguen a tener 240.000 soldados y 160.000 agentes, respectivamente.

Gates no respondió que sí ni que no a la petición del presidente afgano, pero reconoció que era «realista» esperar que Afganistán necesitará un cierto tiempo para poder asumir el mantenimiento de sus fuerzas de seguridad. «Tanto si son 15 o 20 años, esperamos un desarrollo económico acelerado», declaró. «A medida que la economía afgana evolucione, la proporción del costo de mantener a las fuerzas de seguridad disminuirá», añadió. También destacó que cabe la posibilidad de que el número de efectivos de la policía y el ejército disminuya en el futuro a medida que el conflicto en el país asiático disminuya, cosa que de momento no parece que sea así, sino todo lo contrario.

El secretario de Defensa de EE.UU. también calmó los ánimos de Karzai diciendo que la retirada de las tropas de Afganistán será, en todo caso, un proceso largo. «Está por verse si va a llevar tres, dos o cuatro años», comentó.

También volvió a recordar que Washington estará muy encima de que el Gobierno afgano luche contra la corrupción. Precisamente Karzai debía anunciar el martes cuáles serán los ministros de su nuevo gabinete, y al final no lo hizo argumentando que aún no tenía preparada toda la lista completa. En principio, presentará a los suyos el fin de semana.

Algunas voces creen que el retraso se debe a que Karzai evitó dar a conocer la composición de su nuevo Gobierno por la presencia de Gates en Kabul, ya que se prevé que adjudique algunas carteras a antiguos señores de la guerra que lo apoyaron durante la campaña para las elecciones de agosto.

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