Teherán - En Irán, circula la leyenda de que si no fuera por los basiyis, Mahmud Ahmadineyad no habría llegado a la presidencia hace cuatro años. Se dice que los integrantes de este movimiento, conformado por millones de jóvenes revolucionarios que creen en el islam original, organizaron una red de propaganda de tal magnitud que en pocas semanas lograron poner a Ahmadineyad en el tope de la popularidad.
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De lo contrario, nadie se explica cómo este ex alcalde de Teherán, casi desconocido para la mayoría de la población, logró vencer a un veterano como Rafsanyani.
«Cuando descubrimos que Ahmadineyad era el hombre correcto, creamos un método que consistía en llamar por teléfono a la gente que conocíamos para hablarle de las virtudes de nuestro candidato», cuenta Majid, un periodista de 30 años, que pide cambiar su nombre y ocultar su rostro. Confiesa que para ellos no está bien hablar sobre estos temas con la prensa extranjera. «Nosotros -los basiyis (movilización, en persa)- sabemos que nuestro deber es estudiar a cada uno de los candidatos para encontrar quién camina en las líneas en las que creemos nosotros», continúa explicando Majid, quien asegura que nadie desde el Estado les sugirió que apoyaran a Ahmadineyad, como se llegó a asegurar en algún momento.
«Era fácil decidirse por él. Lucha por la soberanía de Irán y por los derechos de los pobres, como nosotros», concluye Majid, que lleva la barba desarreglada y la camisa afuera, como es la tradición dentro de este grupo de jóvenes. Las mujeres, un sector significativo dentro del movimiento, se distinguen porque mayoritariamente utilizan chador.
La estrategia de comunicación les funcionó tan bien en aquel entonces que para estas elecciones han decidido continuarla. Majid envía diariamente un promedio de 14 mensajes de texto y correos electrónicos a los integrantes de su inmensa lista de contactos. En ellos incluye frases de Ahmadineyad y noticias de la campaña. Lo mismo hacen miles y miles de sus compañeros en todo el país. No importa a qué tendencia pertenezcan. Y es que dentro de estos seguidores del islamenob o islam original, como lo es Majid, hay un sector que pertenece a los basiyis oficiales creados por el imán Jomeini al comienzo de la Revolución Islámica en 1979. Ésta es una unidad de voluntarios paramilitares que colaboran en tareas de trabajo social y seguridad. Se calcula que el número de estos voluntarios puede oscilar entre un millón y cinco millones, sin que nadie lo tenga claro. A ellos se suma otro gran número de basiyis que no pertenecen al movimiento oficial, como Majid, que deja claro: «Soy basiyi, pero no estoy inscrito».
«Pero nuestro punto de encuentro para estar con Ahmadineyad no tiene nada que ver si eres basiyi oficial o no. Eso no importa. Estamos todos mezclados. Nuestro propósito es hacer campaña por él», agrega.
La participación de los basiyis oficiales en la política ha sido una de las críticas que le han hecho a Ahmadineyad desde los equipos de los otros tres candidatos que participan en las elecciones del 12 de junio. Al fin y al cabo, los basiyis son una institución oficial.
Con el objetivo de calmar los ánimos, los altos militares del Estado han prohibido a los basiyis hacer campaña política. Pero esto parece una labor bastante difícil, como quedó demostrado el lunes en el Gran Mausoleo de Teherán, donde más de 12.000 personas, muchísimas de ellas basiyis, se reunieron para apoyar a Ahmadineyad.
La afluencia de público fue tan grande, que desbordó las capacidades del lugar, para disgusto de los asistentes. Al final, el presidente decidió cancelar su intervención para evitar problemas.
«Ahmadineyad fue capaz de denunciar, en los debates con sus opositores, a los corruptos de este país, y eso tiene a la gente feliz, lo consideran un hombre valiente y honesto», asegura Majid. Dice que ninguno de ellos duda que Ahmadineyad vaya a ganar en la primera ronda. «Nadie mejor que él para defender los intereses de este país. Necesitamos que se quede cuatro años más», concluye Majid.
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