Con el 1.06% que cedió ayer el Merval al cerrar en 16.738,59 puntos, el acumulado de mes alcanza 4.1%, lo que no define diciembre, pero nos lleva invocar un poco más el tradicional "efecto de Navidad". Es cierto que la merma no fue significativa y mejoró el 1.85% que cedía la cartera teórica a las dos de la tarde, pero cuando vemos que se anotaron 24 subas frente a 50 bajas, quedando 8 papeles sin cambio, y que el dólar libre acumula en el mes una suba de 3.16%, se entiende la desazón de algunos inversores. Bajo este escenario el 27% de achique (al miércoles) en lo operado en acciones a $303.5 millones, que en otro contexto podría evidenciar que los inversores no convalidan del todo la merma, deja de ser una buena noticia. Podemos explicar la baja en función del retroceso de las petroleras y los bancos, pero para ser coherentes debemos hacer hincapié en lo dicho: la resolución de la FED del miércoles fue una mala noticia para el mercado financiero, agregando que marcó el comienzo del enfrentamiento entre la Presidente de la FED y el futuro presidente de los EE.UU. Pasando a la reforma de la ley marco de nuestro mercado de capitales, la idea de los organismos autárquicos es la que tengan la suficiente independencia económica y funcional como para que puedan proteger a los ciudadanos de los abusos de los gobiernos. De hecho las Constituciones, base de las leyes, nacen precisamente para evitar las arbitrariedades del Soberano sobre la gente, al garantizar los distintos mecanismos de limitación del poder. Tan es así que por ejemplo, reconociendo la potestad de los ciudadanos con la sanción de la Sunshine Act de 1976, las reuniones del directorio de la Securities and Exchange Comission (la CNV norteamericana). son informadas y están abiertas al público y la prensa (se las ve vía la WWW) salvo que medien circunstancias de orden confidencial (como sanciones, sumarios, etc). Tal vez la mejor prueba que la autarquía de nuestra Comisión Nacional de Valores no pasó nunca de ser una cuestión declamativa y el organismo un apéndice político del poder de turno, es que los gobiernos de facto parecen haber sido mucho más respetuosos de la Comisión que los democráticos (la duración promedio de los presidentes del organismo es de 2.75 años, frente a los 2.4 años que correspondieron a los gobiernos civiles; si bien los Presidentes militares duraron en promedio 1.57 años y los civiles 3 años) cuando en realidad ninguno de los dos regímenes lo fue/es. Seguimos el lunes
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