31 de mayo 2011 - 00:00

Alentador: Giorgi viaja a Brasil para negociar

Débora Giorgi
Débora Giorgi
Los ministros de Industria de la Argentina y de Brasil, Débora Giorgi y Fernando Pimentel, se sumarán a la cumbre pactada entre los secretarios de Industria Eduardo Bianchi y Alessandro Teixeira, el próximo jueves en Brasilia.

Ésta es la señal más importante de que hay alguna luz al final del túnel de las negociaciones desde que se desató el conflicto comercial entre ambos países. Se ha pasado así de la fase técnica a la política por lo que debería esperarse que se perfile algún esquema de resolución de los reclamos mutuos.

Ayer a las 10.30 Pimentel se comunicó con Giorgi para invitarla a sumarse, junto con él, a la reunión bilateral. «Trabajemos juntos para solucionar esto», le propuso el ministro brasileño.

Giorgi aceptó la propuesta y confirmó que el jueves viajará junto con Bianchi a Brasilia para retomar la ronda de negociaciones. «He recibido un llamado de Pimentel esta mañana (por ayer) y ambos coincidimos en las buenas perspectivas para el próximo encuentro», dijo Giorgi en un comunicado en el que subrayó que los dos gobiernos eran «optimistas en la solución a los diferendos comerciales».

Sin duda que ambos ministros cuentan con el aval de sus respectivas presidentas para sentarse a negociar y así detener la escalada del conflicto. Cristina de Kirchner y su par Dilma Rousseff se verán las caras a fin de mes en la próxima cumbre de jefes de Estado del Mercosur, por lo que intentan evitar arribar a Paraguay, sede del encuentro, con la batalla comercial en pleno apogeo.

El viernes pasado, la segunda de Teixeira, Tatiana Prazeres, llamó a Bianchi para convenir la reunión del próximo jueves que marcaría la continuidad de las negociaciones que se llevaron a cabo la semana pasada en Buenos Aires.

Al parecer, ambos secretarios de Industria llegaron al máximo nivel de negociación técnica de modo que para avanzar en alguna resolución se requiere ahora de decisiones políticas, lo que está en manos de los ministros.

Por ello el encuentro entre ambos ministros, acompañando a sus secretarios, garantiza cierto principio de solución a la controversia generada por la aplicación de las licencias no automáticas para importar autos de parte de Brasil a comienzos de mayo. Si bien Pimentel sostuvo que no se trataba de una represalia a las restricciones aplicadas por la Argentina a la importación de productos brasileños, otros miembros del gabinete de Rousseff afirmaron lo contrario.

Tras reclamar durante meses por los retrasos en la aprobación de las licencias de productos de origen brasileño, el Gobierno de Brasil perdió la paciencia. Los sectores más afectados fueron, según los exportadores brasileños, textil, calzados, maquinaria agrícola, alimentos, neumáticos y autopartes, entre otros. Por ello Brasil pegó donde más le dolió al Gobierno argentino: el sector automotor, que es el único con superávit bilateral.

La negociación es compleja. La Argentina no sólo aspira a que Brasil flexibilice las restricciones para los autos, y puedan ingresar en no más de 72 horas, sino que sigue demandando la resolución de varios reclamos. Por su parte, Brasil tiene por objetivo que la Argentina agilice la aprobación de las licencias para sus productos dentro de los plazos reglamentarios y no retenga las mercaderías en la Aduana. Ambos saben que con una escalada del conflicto pierden ambos, en mayor o en menor medida. Por eso urge acercar las propuestas para no potenciar el diferendo cuando renacen sentimientos proteccionistas en ambos lados de la frontera.

Es cierto que la Argentina precisa que se destrabe el conflicto automotor porque las terminales tienen que cumplir con los planes de producción fuertemente vinculados a la exportación al país vecino, pero sabe que si cede terreno, sus históricos reclamos en pos de un equilibrio de la balanza y la reindustrialización corren peligro de ser archivados. Nada está dicho, pero hubo una señal política que abre las esperanzas de un acercamiento menos beligerante.

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