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Alerta empresarial: temen que dólar en Brasil llegue a dos
Juan Carlos Sacco
Es que las consecuencias que sin duda tendrá la devaluación brasileña sobre la industria local ya los preocupa a todos. Una explicación gráfica, en más de un sentido, la proporciona Juan Carlos Sacco, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y titular de la FAIGA (gráficos). «Hoy estamos con unas líneas de fiebre, pero si el tipo de cambio llega a dos reales por dólar podríamos entrar en terapia intensiva».
Y si bien ninguna fuente del sector automotor quiso confirmar el dato, en el mercado ya se habla de la posibilidad de que la Argentina deje de exportar unos 400.000 autos en el último trimestre del año, por un doble efecto: 1) la caída en la demanda del mercado brasileño;
2) a las terminales de ese país con capacidad ociosa les resultaría eficiente a nivel costos producir localmente en caso de que el dólar llegue a los dos reales.
Resulta casi ocioso explicar los remezones sobre toda la economía que acarrearía esta caída en la producción de vezhículos; no sólo sufrirán las terminales, sino también la cadena de valor de ese sector, que va desde la producción de chapa de acero hasta las pymes que hacen las partes plásticas.
Ayer el tema fue extensamente tratado en la reunión semanal del comité ejecutivo de la UIA, y hubo consenso de que el Gobierno mantendrá las medidas como barreras paraarancelarias y las licencias no automáticas que deberían impedir la «invasión» de productos brasileños abaratados por la devaluación.
«Eso jamás sucedió: venimos escuchando hablar de invasiones, avalanchas, saturación del mercado desde hace décadas; alguna vez desde China, otras desde Oriente en general, otras desde Brasil... Esta vez no será diferente», asegura desde el otro lado del mostrador Diego Pérez Santiesteban, presidente de la Cámara de Importadores de la Argentina. Sin embargo, admite que «si Brasil devalúa hasta los dos reales y la Argentina mantiene su actual política cambiaria, sin duda muchas exportaciones argentinas -sobre todo los productos industriales- quedarán fuera de competencia».
De todos modos, Sacco y Pérez Santiesteban coinciden en algo: el Gobierno tomará todos las medidas que le permitan las normas de la OMC (Organización Mundial del Comercio) y las del Mercosur para impedir el ingreso de más productos importados.
Comparte esta mezcla de opinión y esperanza Miguel Faraoni, presidente de la cámara que reúne a los fabricantes de juguetes, una especie en extinción que las medidas proteccionistas de este Gobierno rescató de la desaparición. «Las dos presidentes son amigas (Cristina y Dilma) y tienen una muy buena relación; además, la Argentina y Brasil son prácticamente los dos únicos países del mundo fuera de China en los que seguimos fabricando juguetes; en algún momento tratamos de hacer algo con nuestros colegas brasileños para aunar fuerzas, pero al final no pudo ser». Faraoni califica de «máquina de impedir» al socio del Mercosur: «Hace dos años tratamos de exportar a Brasil porque teníamos un cambio favorable, pero no hubo caso. Ahora, con el dólar cerca de los dos reales, ni pensarlo...»
En la UIA confían en que el buen momento que atraviesa la relación bilateral podrá morigerar los efectos de la devaluación que muchos consideran inevitable. Sin embargo, los industriales pidieron que Brasil eliminara para las empresas la franquicia del 25% que tienen las firmas locales sobre los precios presentados por extranjeros en cualquier contratación del Estado brasileño. Y eso hasta ahora no sucedió, pese a que -en esos casos- conlleva una devaluación implícita del 25%.
Sacco admite que «al tipo de cambio anterior Brasil había perdido competitividad, y sus exportaciones están sufriendo. Así y todo, la balanza comercial siempre fue favorable a ellos. Cuando ese superávit es de u$s 200, u$s 300 millones no hay problemas, pero si el real sigue para abajo, sin duda la industria argentina va a sentirlo en más de un aspecto».
En tanto, Pérez Santiesteban sostiene que «el Gobierno tiene capacidad y voluntad para detener cualquier hipotética invasión; la capacidad de consumo no la determina el tipo de cambio, sino otros factores como el salario real».
A nadie escapa, de todos modos, que un «parate» en la mayor economía de la región y principal socio comercial de la Argentina podría tener consecuencias devastadoras para algunos sectores. Lo dice Faraoni: «Esto ya lo padecimos en la década del noventa: la locomotora de Brasil se para y todos los vagones chocamos. Estamos en contacto permanente con la Secretaría de Industria, y desde allí nos aseguran que se tomarán todas las medidas necesarias para proteger a las empresas argentinas».
Sergio Dattilo


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