Alice Cooper alegró a sus fans con un show memorable

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Alice Cooper (voz), S. Hunter, T. Henriksen y D. Johnson (guitarras), G. Sobel (batería), Chuck Garric (bajo). (Estadio Malvinas Argentinas, 28/5).

En marzo de este año, finalmente, Alice Cooper fue elegido para formar parte del selecto grupo de músicos legendarios que integran el Rock & Roll Hall of Fame. Para dicha ceremonia, el inventor del rock teatral reunió a varios de los músicos históricos que lo acompañaban en la década de 1970, cuando revolucionó por completo el concepto de rock & roll, vendiendo millones de discos a pesar de ser prácticamente censurado por un establishment que, incapaz de entender la visión irónica de este rocker con nombre de mujer y actitudes siniestras, lo consideraba un personaje perturbador, una mala influencia para sus jóvenes fans, y finalmente un freak totalmente inaceptable. Antes de tocar en la ceremonia en ese homenaje con su vieja banda, Cooper confesó su pasión por los grupos de la era Mod como The Kinks y The Who, además de confesar que básicamente su música era una evolución hacia el hard rock de aquellos artistas que lo influyeron.

A manera de recordatorio de aquellos buenos viejos tiempos, Cooper preparó su tour más heavy en décadas, reincorporando en su banda a uno de sus guitarristas más talentosos, el legendario Steve Hunter, el músico que reinventó el sonido de Lou Reed en discos como «Berlin» y «Rock & Roll Animal».

Si las presentaciones anteriores de Alice Cooper en la Argentina fueron absolutamente memorables -una en los 90, otra en el 2007 con toda su parafernalia de teatro del gran guignol-ésta fue la más rabiosamente rockera y setentista, o en términos aullados desde el pogo al lado del escenario por el pionero del punk criollo Marcelo Pocavida -luciendo un smoking blanco cuidadosamente ensangrentado para la ocasión-: «¡esto sí es pulenta de verdad!». Se entiende el entusiasmo: este «No Mr Nice Guy Tour» es terrorífico, vertiginoso, furibundo y super speed durante una veintena de temas, empezando con la voz de ultratumba de Vincent Price en el prólogo de «Black Widow» y culminando con otro homenaje a otro superhéroe difunto, nada menos que Jimi Hendrix, el gran ídolo de Steve Hunter que estuvo a la altura de las circunstancias al rendirle homenaje con su el clásico «Fire».

A los 63 años, y luego de suspender un show por primera vez en su carrera (en Chile hace unos días, debido a una intoxicación presuntamente con la comida del avión) Cooper ofreció una performance contundente, adrenalínica a tope, con un solo tema lento, «Only women bleed», que cantó bailando con una muñeca inflable, y trepó por las escalinatas del increíble escenario. Más allá del antológico nivel musical, la puesta del concierto puede ser considerada una de las más creativas que se hayan visto en años, empezando por un detalle sutil pero realmente significativo: la ausencia de las típicas pantallas gigantes de video con las que las bandas menos creativas solucionan por default su dirección de arte. Sin abundar en recursos teatrales -apenas un Frankenstein de tres metros de alto, una decapitación en la guillotina para «Killer» y «I love the dead», con chorros de sangre, muletas, y varitas mágicas arroja-billetes en «Billion Dolar Babies», y un traje símil arácnido- cada tema encontró su estética adecuada con recursos escenográficos y despliegue de luces exacto, imaginativo y nunca sobreproducido. Y, siempre pensado para que pueda ser apreciado desde cualquier ángulo del estadio, curiosamente más colmado de público en las plateas preferenciales que en el campo.

Con un baterista incansable -y experto en malabarismos con los palillos- y dos sólidos guitarristas acompañando a Hunter, los mejores temas de Cooper -como «Is it my body», «Eighteen», «Under my wheels». «Elected» (corrosiva sátira a la política que lo encontró flameando una gigantesca bandera argentina) «Muscle of love» o «Poison», además de una furiosa versión del tema que da nombre a la gira, Alice Cooper le dio a sus fans un momento memorable. Gente de todas las edades y estilos coreó los hits más famosos, provocando al cantante para arengarlos a que canten estribillos como el de «Schools out», que en un ataque de ironía mezcló con su copia de Pink Floyd, «We dont need no education» de «The Wall».

Cooper nunca elogió al «maravilloso público», ni perdió tiempo en discursos vacíos. Sólo dio gracias al final, y ni siquiera explicó que presentaba un tema nuevo, «Ill Bite Your Face Off», que formará parte de su nuevo disco de estudio, una secuela de su aábum de culto «Welcome to my nightmare» (y película, en la que participó Vincent Price). Las pesadillas de Alice son el séptimo cielo del público rocker, y sólo se puede pedir que cada vez que salga de gira no deje de volver a Buenos Aires.

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