Alimento balanceado: una producción en ascenso

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La creciente demanda del empleo de nutrientes para el engorde de vacunos porcinos y aves plantea un verdadero desafío a las industrias del sector. La fuerte expansión de la agricultura que se acrecentó en la última década, más allá de los altibajos de la economía argentina, produjo un desplazamiento de la ganadería hacia zonas marginales, pero también, a su vez, una menor presencia del ganado vacuno en las praderas y un crecimiento sostenido del engorde a corral, más conocido como feed lot.

La faena total de 2008 totalizó 14,5 millones de cabezas de bovinos, descontado el 21,5% correspondiente a las categorías de vacas y toros, la matanza de animales de producción de carne to-talizó 11,9 millones de va-cunos.

Cambio de sistema

De ese total, según datos provistos por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el 30% (unos 3,6 millones de cabezas) faenadas para la producción de carne proviene del engorde a corral, aunque para algunos analistas privados, ese volumen alcanzaría a los 5 millones de cabezas. Lo cierto es que el sistema de engorde pastoril, que históricamente caracterizó a la ganadería argentina, hoy se encuentra en un permanente cambio al concentrase la producción de carne en los sistemas confinados, en franco ascenso.

Según los datos que maneja la Cámara de Empresas de Nutrición Animal (CAENA), el consumo de concentrados superó los 5 millones de toneladas de alimentos completos en fórmula, en el que el maíz participa con un 60%, lo que demuestra un alto uso de cereales en relación con el que generan otras especies productivas.

Es así como la actividad de engorde a corral se fue incorporando de manera creciente a la cadena de producción, como ocurrió en otros países con una larga tradición ganadera que también producen carne de acuerdo con las exigencias de los mercados.

A tono con la crisis

La crisis que persiste aún en la actividad agropecuaria, atribuida en gran parte a la sequía, sumada a una serie de medidas erráticas emanadas desde el Gobierno, no modificó esta tendencia en materia de engorde, pero sí afectó a los sistemas productivos de cría, el eslabón más débil de la cadena, que impactará en forma negativa en la disponibilidad de animales para engorde en los próximos años.

Para la CAENA, el 80% de los bovinos que se mandan a faena para el consumo del mercado interno o externo, en alguna etapa de su vida recibió alimentos balanceados (concentrados), de orígenes comerciales o elaborados en el establecimiento del productor.

El resto de los rodeos es engordado con una base de granos, subproductos y aditivos, en establecimientos donde el encierre o suplementación es una parte importante de la cadena productiva.

La alimentación representa más del 75% del costo de producción y se espera que los próximos años se caractericen por una mejor eficiencia en el uso de la producción con mejores índices de conversión que se reflejaran en menos kilos de alimentos gastados por cada kilo de carne producido.

Los rodeos de leche

Respecto de la producción en los rodeos bovinos de leche, las estimaciones prevén un crecimiento en la utilización de los balanceados comerciales en el tambo y una disminución de las autoelaboraciones, que por lo general generan productos finales no uniformes y de una calidad no controlada lo suficiente.

Además, esto trae aparejadas las dificultades para conseguir mano de obra calificada y especializada en este rubro para atender una demanda cada vez más exigente en la estabilidad de la alimentación.

La alimentación para los vacunos de rodeos de leche fue estimada para el ciclo 2008 en unos 3,6 millones de toneladas de Coeficiente Equivalente Alimentos (CEA), una medida de referencia para me-dir la conversión de cada kilo de materia seca en carne o leche, según corresponda.

Pese a las promesas del Estado referidas a la intervención en el sector lácteo para que garantice una producción con rentabilidad para el productor, esas medidas no alcanzan para satisfacer los actuales requerimientos de los tamberos pequeños y medianos, quienes padecen las consecuencias de una prolongada sequía, que en la mayoría de los casos hizo imposible el implante de alfalfas y verdeos de invierno u otro tipo de reserva, y quienes lograron hacerlo obtuvieron rindes muy bajos con respecto a los resultados esperados. Esta situación generó un aumento en el precio de los insumos para la alimentación necesaria para poder mantener niveles de producción de leche aceptables.

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