La relación entre mercado interno y exportación es cada vez más compleja en lo que respecta a los alimentos básicos como trigo y carne. La opinión del sector productivo es que, sin el incentivo de la exportación -hoy hiperregulada o frenada por el Gobierno-, también se perjudica al consumidor local, que podría sufrir desabastecimiento a mediano y largo plazo. Veamos una argumentación que apunta en este sentido, desarrollada en el blog rural La Patria Chacarera.
Es evidente que la estrategia del Gobierno para «la mesa de los argentinos» puede ser considerada un fracaso. Mercado que interviene, mercado que se destruye y producción que baja hasta ponerla realmente en riesgo. El excedente exportable disminuye hasta niveles peligrosos.
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El Gobierno, además de poner retenciones como en las demás producciones, ejerce una serie de medidas adicionales, como cierres temporales de exportaciones, cupos, presiones sobre los industriales y exportadores para que bajen el precio de la materia prima, etcétera.
Con estos mecanismos, aumenta un grado más en la imprevisibilidad de los mercados, se convierten en productos con un precio sin piso, pero con techo, y dependiendo de lo que se les ocurra a los burócratas. Y generando rentas inesperadas a los compradores, que se transformaron en cazadores de zoológico, bajando los precios y aumentando sus márgenes a niveles que nunca hubieran soñado.
Entonces los productores buscan alternativas, y las encuentran, y eso que pasó poco tiempo desde su implementación, con unos años más de experiencia lograrán todavía más: cebada, lino, colza, camelina, cártamo, búfalos, ovejas, cualquier cosa. Además de los cultivos tradicionales como girasol o soja. Huyen hacia cualquier producción que no sea vital para el mercado interno.
Es inevitable entonces que en esos cultivos la producción tienda a converger (se reduzca hasta coincidir) con el consumo, como ocurre con el tomate, la lechuga o la papa. Esos cultivos, como son difíciles de exportar, cuando hay un excedente se deprime el precio, y cuando hay un faltante se va a las nubes.
Eso es lo que va a pasar con el trigo y la carne con este sistema, la producción se va a tender a reducir hasta que se equipare (groseramente) con la demanda interna. Una sequía o una inundación, y pasamos a tener déficit, como en el tomate.
Hasta 2007 la Argentina exportó entre 1 y 3 veces el volumen de trigo de su consumo interno. Sin registros cerrados y sin restricciones (con o sin retenciones y con o sin soja) el trigo y la carne siempre alcanzaron; los años en que la producción escaseaba, bastaba que el precio subiera un poco hasta hacer poco rentables las exportaciones, y éstas se detenían.
Entonces ¿por dónde pasa la seguridad alimentaria?: obviamente, por producir mucho más que las necesidades internas, de esa manera el mercado estará siempre abastecido. Porque no existe un mercado interno y otro externo, sólo uno donde los productores venden, y los exportadores y agentes del mercado interno compran, con un sólo precio para cada mercadería, independientemente del destino. Cuando el consumidor levanta el precio, el exportador queda fuera de juego, sin margen.
Obviamente en estos casos el precio sube, y después baja. Pero en un país exportador, el precio interno siempre es el más barato del mundo, con o sin retenciones. El trigo es siempre más barato en la Argentina, y el café es siempre más barato en Brasil, de eso se trata. Cuando se quiere abusar del que produce, el tiro puede salir (y saldrá) por la culata.
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