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Amberes, la pintoresca ciudad del diamante

Su fundación se remonta al año 640 cuando San Amando fundó junto a unos cuantos monjes una iglesia benedictina. No fue sino hasta el siglo XI, dos siglos después de las invasiones normandas, cuando se le construyó una muralla que ayudó a la ciudad a desarrollarse. Ya en el siglo XV, sustituyó en importancia a Brujas, constituyéndose en el motor económico de Flandes.
Música y artes decorativas
Amberes es también Juan Pablo Rubens (quien desarrolló gran parte de su formación y trabajo, y donde vivió los últimos años de su vida), Van Dijck, Jordaens, Bruegel y Plantin, pero también un milenio de arquitectura y cinco siglos de música y artes decorativas. La metrópolis flamenca brilla con sus múltiples facetas a semejanza de sus famosos diamantes. Es una ciudad de teatro, ópera, cine. Cuenta en pleno centro con un zoológico de fama mundial, y un paseo por el Escalda, así como una vuelta por su mundialmente famoso puerto, son experiencias fascinantes. Amberes es un crisol de culturas, con un puerto acogedor y seguro; con 129,8 km de longitud, es el cuarto puerto más grande del mundo y el segundo de Europa. Se pueden ver distintos tipos de embarcaciones en una exposición libre situada en unos antiguos almacenes.
Es una ciudad con importante valor arquitectónico en sus iglesias, consideradas por muchos como catedrales. Con increíbles interiores, como la Catedral de Nuestra Señora, la iglesia de San Andrés, la de San Pablo, la de San Jaime y la de San Carlos Borromeo.
Edificios y museos
Hay numerosos museos para complacer las expectativas de todos los visitantes. Se destaca, para los amantes de los libros, el Museo Plantin-Moretus, donde se puede ver una antiquísima imprenta, una reliquia del pasado conservada casi en su estado original. Los edificios más bonitos se pueden encontrar en el corazón de la Plaza Mayor (Grote Markt). Una plaza increíble, que exhibe sus edificios pertenecientes a los siglos XVI y XVII. La destacada estatua de Brabo, que como cuenta la leyenda es del héroe que cortó la mano del gigante Druoon Antigoon, que vivía en el río y que hostigaba a los barcos que querían pasar cobrándoles un peaje. Si el barco no pagaba, el gigante cortaba la mano del capitán y la arrojaba al río Escalda. Un centurión romano, ya cansado de las barbaries cometidas por el gigante, le cortó la mano lanzándola también al río.
Existen pocas ciudades en el mundo con tantas calles peatonales, conjugando siempre lo moderno con lo clásico. El centro está repleto de bares donde se puede degustar la cerveza propia de la ciudad, De Koninck.

