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Ambrosio: “Me metí en la cabeza de los personajes”
Valeria Ambrosio: “Estamos en un fin de año en que el presupuesto se nos fue de las manos. Me pareció que mi aporte podía sumar porque siendo de la casa sé en qué se podía gastar”.
Los elencos se completan con las presencias de Fernando Santiago, Sebastián Sorarrain, Víctor Castells, Oreste Chlopecki, Santiago Bürgi, Carlos Iaquinta y otros. Participarán la Orquesta Estable, el Coro Estable (Hernán Sánchez Arteaga) y el de Niños (Mónica Dagorret).
La escenografía será de Ana Repetto, el diseño y contenido multimedial de Maximiliano Vecco, la supervisión de vestuario de Fabiana Yalet y Raúl Gatto y la iluminación de Sandro Pujía.
Dialogamos con Ambrosio:
Periodista: ¿Cuál será su mirada sobre este título?
Valeria Ambrosio: El planteo se relaciona con encontrar la manera de que la puesta trascienda esta cuestión de la técnica lírica y se aborde la situación que plantean Puccini y los autores con toda esta dramaturgia musical. Es una de las óperas que más se ocupan de esta teatralidad, por lo que me pareció un buen título para inaugurar esta faceta de puestista de ópera. La idea es ser más fieles a la necesidad de este relato. Es una ópera verista, ocurre en 24 horas, hay una emocionalidad que conlleva un proceso, empieza de una manera, termina de otra con mucha continuidad, y merece que el cantante transite esta cuestión. En las primeras marcaciones la devolución de los cantantes era "Qué bueno que nos estás pidiendo esto", porque en general no ocurre. Mi primer logro fue que ellos como cantantes se entusiasmaran con esta propuesta y pudieran transitar un poco más intensamente la emocionalidad de estos personajes ligados a una determinada época histórica, a un contexto especial, en horas de mucha tensión histórica y emocional. Ese límite al cual se apela hay que vivirlo para transmitirlo. Estoy respetando el momento histórico desde lo visual, no hay extrapolación: transcurre en Roma en 1800. La "modernización" o actualización tiene que ver con alinearme con Puccini y su pasión por los avances tecnológicos de su época, y me animé a pensar qué podía sumarle a esta propuesta. Y fue todo el tema audiovisual, que no es novedad, pero el tema es cómo usarlo. Me tomé la libertad de meterme en la cabeza de los personajes en las arias, de imaginar qué estarían pensando o imaginando, como herramienta de relato, que intenta sumarle algo más de datos al espectador, ayudar a la emoción. Uno, o al menos yo, que no soy del mundo de la ópera, escucha determinadas óperas pero no las conoce, y cuando se pone a estudiarlas y a entenderlas se abre otro universo; este universo que se me abrió me llevó a hacer esta lectura de la musicalidad cinematográfica de Puccini. Hay muchos momentos musicales que dan posibilidad de ponerle imagen a eso, no sólo en lo que sucede en el escenario sino en otro plano.
P.: Usted mencionó que ésta es una ópera verista, aunque es una cuestión discutida.
V.A.: Desde el momento en que hay una historia hay drama. Si hay una pretensión de contar una historia, hay teatro: se la cuenta cantada, es teatro musical, pero no deja de ser teatro. ¿Para qué vamos a gastar tanto dinero en escenografía y vestuario si podríamos poner a los cantantes sobre una tarima, cantan y se muere ahí? Hay una mujer que se viste de cantante, un hombre que se viste de Scarpia, si no no tendría sentido. Hay una historia que empieza y termina. Ésa es mi postura, otros tendrán otras.
P.: ¿Recurrió al drama de Sardou para elaborar esta propuesta?
V.A.: Sí, lo leí. Siendo mi bautismo no iba a cometer el error de no estudiar. De hecho hay un montón de versiones, de si Tosca existía, si Scarpia existía o en quién se inspiraron para crearlo. Hay algo que tiene que ver con el punto de vista de uno, que es lo que suma y lo termina de componer: cómo recibe uno ese material y lo puede traducir y demostrar. Puccini aplica esta cuestión de la teatralidad, la intención era esa.
P.: ¿Por qué decidió asumir la puesta en escena de este título, considerando que no cuenta con antecedentes en el género?
V.A.: Fue simple: estamos atravesando un fin de año en que el presupuesto se nos fue de las manos, hay muchas cosas que no están en su situación económica ideal, y me pareció que mi aporte podía sumar mucho, porque siendo de la casa y conociendo el estado de los talleres, sabiendo en qué se podía gastar y en qué no, iba a poder no maltratar a cualquier otro régisseur diciéndole "Vos no vas a poder hacer esto ni aquello porque estamos atados de pies y manos", es horrible ponerle límites a un creativo. Viviéndolo desde adentro yo lo sabía, y decidí en primera instancia no cobrar mi cachet, y ese dinero se pudo usar para otras cosas. Hay un cuarto subsuelo lleno de material totalmente reciclable, de que saldrán los elementos escenográficos. Mucho vestuario se pudo reciclar, se compraron sólo telas para las Toscas; le pedí a la gente de vestuario una estética más naturalista, más cinematográfica: esta gente no tenía que verse de punta en blanco porque vivía en el 1800 y se debía bañar con suerte una vez cada 15 días, la ropa debía estar raída, y eso les interesó porque generalmente no ocurre. Me pareció un desafío interesante abordar la puesta de una ópera, y un aporte al teatro desde los que conocemos el momento en que nos encontramos.
P.: ¿Qué expectativas tiene? ¿Le genera ansiedad la reacción del público o de la crítica?
V.A.: Tengo mucha ansiedad como en las otras obras que hice: la expectativa siempre tiene que ver con el aplauso, todos estamos esperando que nos digan "qué lindo lo que hiciste". La expectativa verdadera tiene que ver con el proyecto, que sigamos en el tiempo que nos toca haciendo que las cosas funcionen, que el telón se levante, que se trabaje con espíritu positivo, y eso me resulta mucho más interesante que una crítica de mi puesta. Que la gente se acerque, que descubra, ese discurso aparentemente ingenuo que es lo que impulsa. Todos los días vengo desde Capital y nunca dije "Uy, tengo que ir a La Plata, qué embole". Espero que nunca me ocurra en el tiempo que me queda, que el entusiasmo se contagie.
P.: ¿Cuáles son las prioridades actuales de su gestión?
V.A.: La prioridad es lo edilicio: es un teatro muy demandante en su estructura. Vivir en un lugar incómodo genera incomodidad. Resolviendo eso se desatarán muchos otros nudos por sinergia. Una de las cuestiones prioritarias fue poner en orden el cuarto subsuelo, que estuvo abandonado: remover, desguazar, reciclar, con criterio. El bajo presupuesto no tiene que ser un impedimento para producir, porque lo bueno no es sinónimo de lo rico. Es un lujo caminar por este teatro, hay que sostenerlo y ayudarlo, no general fricción sino dejarlo fluir.
P.: ¿Qué se puede adelantar de la próxima temporada?
V.A.: Seguiremos con este criterio de títulos convocantes: no es momento de proponer cosas nuevas porque el teatro necesita que venga gente, por eso haremos a lo largo del año cinco "hits", no puede fallar. Teniendo eso de nuestro lado podremos tener un aire para el futuro, para lo que venga.
Entrevista de Margarita Pollini


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