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Amelita Baltar, el regreso de un clásico veraniego
Con la potencia y la expresividad de siempre, a las canciones de Piazzolla, Amelita Baltar suma temas de Vinicius de Moraes en su nuevo ciclo veraniego en Clásica y Moderna.
Como un clásico de la temporada veraniega, Amelita Baltar vuelve en el comienzo del año a tener su espacio por algunas semanas en el muy tradicional restaurante-concert/librería de la avenida Callao; en el corazón del que es su barrio de toda la vida y al que el poeta Horacio Ferrer, recientemente fallecido, le cantó tantas veces a través de su voz.
Aunque se escapa constantemente hacia otras músicas, su caballito de batalla, el terreno en el que en definitiva parece sentirse más cómoda, son las canciones de Ástor Piazzolla. En su último álbum, "El nuevo rumbo" de 2012, Amelita presentó temas propios, hizo versiones de cantautores rockeros con algunos de ellos invitados y volvió sobre el folklore, el género que la vio nacer en la música. Viene de tener un muy buen paso por "Tango Porteño" durante 2014, y de un concierto reciente en el teatro Margarita Xirgu, en el que fue convocada por el Ministerio de Cultura precisamente para homenajear al bandoneonista marplatense. Y ahora, de nuevo en un escenario con un proyecto personal, vuelve a poner a Piazzolla en el tapete.
En esta serie de shows que hará en Clásica y Moderna, el juego se abrió a Vinicius de Moraes, el genial poeta y letrista brasileño que admira y que conoció muy cercanamente.
Así, "La primera palabra", "El gordo triste", "Balada para mi muerte", "Chiquilín de Bachín" y la "Milonga de la enunciación" (de "María de Buenos Aires") de Piazzolla-Ferrer, o "Los pájaros perdidos" y "Violetas populares" de Piazzolla-Mario Trejo, se van alternando con varias de las piezas más conocidas de Vinicius, casi todas con melodías de Tom Jobim: "A felicidade", "Se Todos Fossem Iguais A Você, "Garota de Ipanema", "Samba em prelúdio" (ésta, con música de Toquinho) y "Eu sei que vou te amar". Y la mezcla es lógica, suena "natural", tiene sentido artístico, aunque más allá de que se trataron mucho, Piazzolla y Vinicius pertenecieron a mundos estéticos muy diferentes.
Baltar agrega a todo esto algunos textos del propio Vinicius a manera de interludios y una serie de anécdotas personales que ponen ternura y dan mejor sentido a la elección de las canciones. Con su garganta a pleno, con la entrega y la expresividad que son su marca registrada y con un trío sencillo en su estructura que la acompaña muy bien, todo concluye, como no podría ser de otro modo, con la "Balada para un loco". Después de eso, no hay pedido de bis que valga.


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