5 de octubre 2010 - 00:00

Ancestros alemanes en la ideología Kirchner

Cristina de Kirchner arriba ayer a Fráncfort (Alemania), donde hoy inaugura el pabellón de la Argentina en la Feria del Libro de esa ciudad.
Cristina de Kirchner arriba ayer a Fráncfort (Alemania), donde hoy inaugura el pabellón de la Argentina en la Feria del Libro de esa ciudad.
Fráncfort - Se bajó del avión al anochecer de Fráncfort y fue directamente, con su comitiva, al hotel Steingerberger, el más lujoso de esta ciudad, junto a la estación de subte Willy Brandt. Algunos minutos después, twitteó su primer mensaje, con una mezcla de español, alemán e inglés: «Fin. Ende. No te olvides, estoy en Germany». A Cristina de Kirchner, que hoy a las cinco de la tarde inaugurará el Pabellón Argentino en la Feria del Libro, le esperan dos jornadas de misiones económicas y políticas en otras dos ciudades de este país (Berlín y Hanover), encabezadas por la «botadura» de la representación nacional en la Buchmesse de Fráncfort, donde el país es invitado de honor. Junto a ella estarán el canciller, Héctor Timerman; el ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania, Guido Westerwelle; la alcaldesa de la ciudad, Petra Roth; la titular del Comité Organizador de la participación argentina, Magdalena Faillace; y la escritora Griselda Gambaro, a cargo del discurso de apertura.

Ayer por la noche, cuando se le preguntaba al canciller Héctor Timerman por las primeras horas de la Presidente en Alemania, decía no haberla visto aún. «Yo me bañé, me vestí, y me vine directamente para acá. Ni siquiera sabía que me esperaban en esta inauguración». El evento en cuestión era el de la exposición «Juden In Argentinien - PortrTMts Zum Zweihundert JTMhrigen JubilTMum» (Judíos argentinos - Retratos en el Bicentenario), un acto protocolar en el Museo Judío de Fráncfort previo a la apertura de una vasta muestra de fotografías, retratos y objetos sobre la inmigración judía en la Argentina, que con la actuación del cuarteto Ningún Tango, y cuatro discursos que se extendieron mucho más de lo pensado, sobre todo por la vacilante y lenta versión de la intérprete.

Tras las palabras iniciales del director del museo y del representante de la alcaldía de Fráncfort, el discurso más extenso fue el de Faillace, del Comité Organizador de la participación argentina en Fráncfort, cuya preparación demandó más de dos años y cuyos resultados se verán a partir de hoy y hasta el domingo.

Citas

Faillace citó dos veces en su alocución al pensador germano-americano Andreas Huyssen, uno de los referentes clave del posmodernismo y el estudio sobre los traumas históricos, y otras tantas a Cristina de Kirchner, en ambos casos de manera interrelacionada; esto es, como si el Gobierno Kirchner fuera el acto, en términos aristotélicos, de lo que en Huyssen es potencia.

Al citar como ejemplos dados por Huyssen los casos de Alemania, Chile y la Argentina (países que transitaron por traumas históricos), y recordar el valor estratégico de la memoria en la superación de esos traumas, Faillace destacó que el actual Gobierno argentino se está haciendo cargo de una de las ideas de Huyssen, la de que de nada sirve la memoria si no hay justicia.

El menú de cierre no fue ni alemán ni judío (pese a que no hubieran estado nada mal, como se añoró, algunos plétzjales o knishes de papa): empanadas de carne y humita, servidas por mozos centroamericanos que le explicaban a los comensales, todos argentinos, que humita significa choclo.

Entre empanada y empanada, Timerman relató su primer desencanto con la revolución tecnológica, ya que además de su adicción al Twitter el canciller ha decidido abrazar exclusivamente la modalidad del libro electrónico: «Es lo más cómodo del mundo. Se acabaron los dramas de andar buscando y transportando libros de papel en todos los viajes. Veo un libro que me gusta en Amazon, y lo bajo en un segundo», pero fue entonces cuando recordó el chasco de ayer: «Apenas despegó mi vuelo a Fráncfort, me puse a leer y me quedé sin batería. Nunca me había pasado, y como en el avión no había manera de recargarla tuve que hacer todo el viaje sin leer nada».

El secretario de Cultura Jorge Coscia, de reluciente tostado («fue el fin de semana que pasé», dijo), tampoco declaró saber nada sobre las primeras horas de la Presidente en Alemania. «Vinimos en el mismo vuelo que Héctor pero no combinamos nada. Seguramente nos veremos mañana». Hoy por la mañana, Coscia firmará una carta de intención para la constitución de un espacio permanente de investigación y actualización de la teoría crítica con el director del Institut Für Sozialforschung (Instituto de Investigaciones Sociales de Fráncfort), Axel Honneth.

La lista de funcionarios presentes en el Museo de Judíos también comprendió al ministro de Ciencia y Tecnología, José Lino Barañao, y al de Educación, Alberto Sileoni (que se confesó apasionado lector de las «Charlas de Quincho» de este diario), quien por la mañana había ofrecido una disertación sobre la historia de la alfabetización en la Argentina desde el siglo XIX, en la que hizo referencia al programa de alfabetización «Encuentro», en el que se inserta la «alfabetización del siglo XXI, la digital».



* Enviado Especial a Alemania

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