16 de agosto 2011 - 00:00

Andreu, el “Señor aeropuerto”, en la Bienal de Buenos Aires

El aeropuerto Charles de Gaulle de Paris, uno de las 60 terminales aéreas proyectadas por Paul Andreu, invitado de lujo de la XIII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, en octubre.
El aeropuerto Charles de Gaulle de Paris, uno de las 60 terminales aéreas proyectadas por Paul Andreu, invitado de lujo de la XIII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, en octubre.
Se ultiman los preparativos prepara la XIII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, que se desarrollará en el Centro Cultural Recoleta y el auditorio de Buenos Aires. Desde el martes 11 hasta el domingo 30 de octubre, unirá la actividad académica y la exhibición de obras de arquitectura tanto locales como internacionales.

Desde hace un poco más de un cuarto de siglo desde su primera edición, en 1985, que la bienal se ha convertido en un foro de comunicación destinado a facilitar los encuentros y los intercambios entre arquitectos de todas las latitudes.

Hablar de encuentros y de intercambios es referirse, sin ambages, a la arquitectura: sólo ella, entre las artes y las ciencias, puede hacer físicamente posible un encuentro entre seres humanos, desde la casa más sencilla al más complejo de los aeropuertos, desde la mayor de las megalópolis hasta el barrio más pequeño.

Pues bien, la arquitectura constituye el instrumento por antonomasia de la alteridad, y su campo de acción y verificación. Un edificio, una ciudad, son la materialización inicial del reconocimiento del otro. Por consiguiente, la arquitectura es también el factor primero de la empatía, o sea, del fundamento de toda posibilidad de comunicación entre los seres humanos.

Al cabo de las Bienales sabemos más acerca de la arquitectura en el resto del mundo, y el resto del mundo sabe más acerca de la arquitectura argentina. Porque sabemos más sobre quienes la diseñan y realizan, y por boca de ellos, de sus obras. La Bienal de Buenos Aires es la exteriorización de todas estas certezas y virtualidades de la arquitectura. Encuentro e intercambio de arquitectos y de obras, encuentro e intercambio de miles de individuos representados por esos arquitectos y esas obras; ejercicio vasto y plural del principio de alteridad, recinto de desarrollo de la empatía a escala internacional.

En esta oportunidad ya se cuenta con la presencia de Paul Andreu, para brindarnos una conferencia magistral, todo un privilegio, ya que no sólo es un verdadero exponente de la Arquitectura «hi-tech» francesa e internacional, sino que también cuenta con un vasto acervo de obras de distinta índole pero siempre centrado en los aeropuertos.

Artífice mayor de la transformación de las terminales aéreas, los más de veinte aeropuertos de Andreu son realidades evidentes de una fantasía silenciosa. Su obra más notoria es, sin duda, el Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle, en Roissy, al Noroeste de París (y de Orly). Tenía 29 años cuando, en 1967, fue convocado para llevar adelante los estudios y la construcción de este enorme complejo, que hoy sigue desenvolviéndose en aquella localidad del departamento de Val dOise.

El 23 de Mayo de 2004 una parte del techo de la Terminal 2E se derrumbó y cayo matando a cuatro personas. La Terminal 2E se ignauguró en 2003 y es la séptima Terminal de Andreu en Roissy, considerandose uno de sus mejores diseños. Irónicamente a pesar de ser un país del primer mundo, Francia imputó el derrumbe a la mala ejecución estructural por parte de la empresa constructora para abaratar costos.

También ha realizado los aeropuertos de Abu Dabi, en la Unión de Emiratos Arabes; Dar Es-Salam, en Tanzania; Yakarta, en Indonesia; y Conakry, en Guinea; amplió las dependencias de los de Dacca, en Bangladesh; El Cairo, en Egipto; Niza y Montpellier, en Francia; y Bandar Seri Begawan, en Brunei. En América latina, la nueva terminal del aeropuerto de Pudahuel, en Santiago de Chile.

Los recursos de la ingeniería y de la tecnología, empleados con minuciosa sagacidad, no son sino aportes a una obra donde los objetos de uso se presentan como símbolos y los símbolos se revelan como objetos de uso.

Andreu, que ha definido a la arquitectura como «ese elemento impalpable que nos hace pasar de un espacio mental a un espacio físico, que obliga al espacio físico a evocar al espacio mental y obliga al espacio mental a materializarse», también ha incursionado en otras tipologías, como el Estadio de Esquí de Courchevel, el Museo de Arte Contemporáneo de Sète, y el Control Aduanero Saint Louis-Basilea, en la frontera franco-suiza.

Andreu estudió matemáticas y física; y luego hizo los cursos de ingeniería (Êcole des Ponts et Chaussées) y de arte (Êcole des Beaux-Arts). Fue el descubrimiento de la pintura el que lo decidió a entregarse a la arquitectura. Aquí reside, sin duda, esa conjunción de orden, rigor y pasión, que determina la geometría de sus diseños, y esa presencia rotunda.

Queda por mencionar, en fin, la participación de Andreu en el Gran Arco de la Defensa, al Oeste de París. Diseñado por el dinamarqués Johann Otto von Spreckelsen, que ganó este certamen internacional. Andreu fue asociado del vencedor y, a la muerte de éste, el arquitecto en jefe de la monumental obra, en la que remodeló el cráter del basamento, los accesos de éste, las fachadas internas, la cubierta, las nubes. No es injusto señalar que el inmenso cubo vaciado, de 110 m de altura (el doble del Arco de Triunfo, en cuyo eje se encuentra), cobró su vida definitiva gracias a que Paul Andreu, pudo interpretar los deseos de von Spreckelsen.

En esa oportunidad, a quien escribe le tocó en suerte participar como jurado, junto a Oriol Bohigas, Antoine Grumbach, Kisho Kurokawa, Richard Meier y Richard Rogers, entre otros. El concurso había sido organizado por el infatigable ministro francés de entonces, Jack Lang.

La construcción del Gran Teatro de la Ópera de Beijing para las olimpiadas, fue el broche de oro de una extensa carrera, además de sus 60 aeropuertos o su Arco de la defensa, en Paris, como lo mencionábamos anteriormente.

Este antiguo ingeniero politécnico, que se convirtió en arquitecto a finales de los sesenta, ha logrado consolidarse en el arquitecto francés más importante en cada uno de los rincones del planeta. Es un honor su participación en la XII edición de nuestra bienal de Buenos Aires.

Dejá tu comentario