“Anécdotas y chismes renuevan el interés por nuestro pasado”

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«Los pequeños hechos, los datos íntimos de héroes y próceres, ofrecen una luz nueva sobre los grandes sucesos», explica el historiador Daniel Balmaceda, que viene entregando versiones enriquecedoras de «la gran historia» a través de relatos, datos curiosos y anécdotas en su libros «Espadas y corazones. Pequeñas delicias de héroes y villanos de la historia argentina», «Oro y espadas, desde que Pedro de Mendoza se instaló en Buenos Aires por culpa de un loco hasta cinco minutos antes de 1810», «Romances turbulentos de la historia argentina», «Historias insólitas de la historia argentina, desde que Urquiza llenó su casa de hijos hasta que Alfonsina se vistió de mar», e «Historias inesperadas de la historia argentina, tragedias, misterios y delirios». Dialogamos con Balmaceda sobre su nuevo libro, «Historia de Corceles y de acero», que acaba de aparecer.

Periodista: ¿De dónde surgió la idea de contar anécdotas de los primeros años del país en «De corceles y de acero»?

Daniel Balmaceda: Me pareció que era una época romántica, y que había hechos y datos iluminadores que reflejaban mucho de lo que había ocurrido en la época de la Independencia. Hubo situaciones en torno al principal hecho que era la confrontación con los Realistas, que generaron una serie de pequeños grandes episodios que pocas veces habían sido destacados y que valía la pena rescatar.

P.: ¿Qué tiempo abarca su libro?

D.B.: Se ocupa del período de la Guerra de la Independencia, que va desde 1810 hasta 1824 cuando, luego de Junín y Ayacucho, los realistas abandonan sus pretensiones en Sudamérica.

P.: ¿Por qué le interesa contar los hechos históricos desde anécdotas, con relatos breves, divertidos, sorprendentes o curiosos?

D.B.: Relatar los sucesos del pasado en forma concentrada, breve, tiene dos objetivos. Uno es que el relato breve es más accesible al lector de hoy, que tiene poco tiempo para dedicar a la lectura. No por nada en los últimos tiempos ha surgido como moda el nuevo género literario de las microficciones. Los textos breves están estrechamente ligados con este tiempo, que se ha definido como «la era del zapping». El libro hoy compite con ochenta canales de televisión, con las radios, con la computadora, Internet, con el deseo de estar al día, de estar informado de lo que sucede o de lo que se habla. En cuanto a la utilización de anécdotas, es porque veo en ellas un complemento a la historia fáctica a la que estamos acostumbrados, acompaña a los relatos de las historias más tradicionales que sólo destacan los grandes sucesos, los grandes nombres, las fechas y los acontecimientos políticos. Las anécdotas tienen la gracia y la agilidad de un comentario íntimo y otorga otra dimensión a los hechos, los enriquece desde el dato dejado de lado habitualmente y que, muchas veces, dice más que la mera información de lo ocurrido, y devuelve humanidad a los próceres. Una anécdota puede meterse en el bolsillo de un prócer y saber cuánto ganaba o qué hacía cuando volvía a su casa. Creo que, además, cuando la anécdota, el cuento, el chisme, tiene un fondo histórico riguroso, investigado y documentado, provoca curiosidad y renueva el interés por la Historia, lleva a otras lecturas más amplias, densas y extensas.

P.: De las historias que cuenta, ¿cuál fue la que más lo sorprendió?

D.B.: Me llamó la atención la inspiración del norteamericano Samuel William Taber, que decidió construir un submarino para ofrecérselo a la Primera Junta para que atacara a los Realistas. Me gustó descubrir que un fantástico constructor como Fray Luis Beltrán a quien, para preparar el armamento del Ejército de los Andes, se le entregaron 15.000 pesos durante un plazo de dos años, y terminó devolviendo, porque le habían sobrado, 8.000 pesos, cuando su sueldo era de apenas 25 pesos mensuales. Me sorprendió la guerra de peinados entre las mujeres. Lo que hoy consideramos un peinado flogger, en la que los chicos hoy se tapan un ojo con el flequillo, sobre todo las chicas, y en aquel tiempo, las identificadas con los Realistas usaban un peinado que les cubría gran parte del ojo derecho, por tanto las patriotas aplicaron inmediatamente el sistema inverso, se taparon el ojo izquierdo. A través de los peinados se identificaban las posiciones. Esto terminó provocando un enfrentamiento en Río Cuarto, en donde el gobernador de Córdoba tuvo que intervenir, decretando una multa para las mujeres que usaran el peinado Realista. Son hechos curiosos que iluminan las Historia. Se ha tendido a mostrar que las mujeres estaban un paso atrás de los hechos históricos, cuando María Guadalupe Cuenca de Moreno tenía una fuerte participación, como la tuvo Mariquita Sánchez y otras tantas. La casa de Mariquita era una inmensa casona de 4.700 metros cuadrados y no el saloncito que no hizo conocer el famoso cuadro. Ese dato permite saber a qué nivel se manejaba Mariquita y por qué una reunión allí no era poca cosa, sino que era un símbolo de prestigio participar en el tipo de reuniones sociales que ella hacia.

P.: ¿Cómo le fue al meterse con el bolsillo de los patriotas?

D.B.: Lo primero que hizo la Primera Junta fue determinar sus sueldos. No eran grandes importes de dinero, pero suficientes para vivir bien. Saavedra no tuvo un sueldo como el del Virrey Hidalgo de Cisneros, que ganaba 12.000 pesos anuales; llegó a 8.000 pesos anuales nada más, pero tenía una buena diferencia con el resto de los miembros de la Junta que sólo ganaban 3.000 pesos anuales. Y Belgrano fue el único que renunció a su sueldo y lo donó a la patria, sin estar entre los más pudientes de ese grupo. Los donativos eran un hecho común. Lo realizaban los vecinos, aunque fuera poco. Y donaban sus hijos, y también sus criados y sus esclavos, que eran considerados un bien de familia, para que fueran a la guerra, cosa considerada un acto de patriotismo y desprendimiento.

P.: ¿Qué tiene que ver su libro con el Bicentenario?

D.B.: El Bicentenario es muy abarcativo, son 200 años de historia. Mi libro se dedica a aquellos primeros quince años porque hemos resumido mucho aquel período, y es más completa, compleja y gloriosa. Vale rescatar no sólo la Revolución sino la Asamblea del año 13, el Congreso de Tucumán, las discusiones en Tucumán, las batallas y sus anécdotas, los actos heroicos y los de cobardía, y comprender cómo funcionaba aquella sociedad que hace dos siglos buscó tomar un nuevo camino y construir una nación.

Entrevista de Máximo Soto

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