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Anestesian las ansias de Wall St.
Sin embargo, no es la única historia que se despliega en escena. El NASDAQ y el Russell 2000 sufren, de marzo a esta parte, un castigo intenso que amenaza con llevarlos al purgatorio de una corrección (una caída de entre el 10% y el 20% contabilizada desde sus récords). Y hay incluso una tercera suerte posible: para la mayor parte de las acciones que integran estos índices la declinación supera el umbral del 20%. Abundan los papeles que ya se han sumergido en su propio mercado bajista, "bear", y habitan un infierno individual hecho a su medida.
Desde marzo, Wall Street se tornó más y más selectivo. Y no perdonó a sus favoritos, sino que se ensañó con ellos. El NASDAQ y el Russell 2000 fueron los líderes del rally de las acciones y ahora son los que penan. ¿Qué se les objeta? Para responder hay que advertir cuáles son los papeles que, en pleno mercado lateral, se abren paso al frente. Son acciones que pertenecen a los sectores tradicionalmente defensivos -servicios públicos, energía, consumo básico no discrecional- y que marcharon a la zaga del mercado "bull" (alcista). La obsesión por la valuación es la marca en el orillo de 2014. Y un proceso profundo de rotación -con pocos antecedentes- fuerza una singular convergencia a la media. Los papeles con múltiplos precio/ganancias elevados -los que estarían "caros"- recortan sus cotizaciones y viceversa. La preocupación no anida en la salud de la economía, sino en la sensatez de los precios. Es fácil corroborarlo. La deuda corporativa no es objeto de cuestionamiento. Y en la deuda basura, los márgenes de rendimientos que se les exige sobre los títulos del Tesoro se han limado a un extremo. De igual manera, las acciones que pagan jugosos dividendos no acusan problemas de navegación.
Los "traders" de Wall Street son una población ansiosa. La indefinición los desvela y alimenta una frustración que crece semana tras semana (y ya van diez, por ejemplo, que el S&P 500 intercala una positiva y alentadora con otra en baja, como si deshojase margaritas). Para peor, la volatilidad implícita no levanta vuelo, pese a que las caídas diarias pronunciadas no son extrañas, y el pesimismo campea entre los inversores minoristas. La chatura resultante agobia. Lo que se pide es que pase algo, pronto, que despeje el vaivén de la ambigüedad. Pero la verdad es que ocurren sucesos importantes. El regreso de la tensión geopolítica a las puertas de la Unión Europea no es asunto menor. Sólo que poco tiene que ver con lo que de veras preocupa a Wall Street.
En su doble visita al Congreso, la titular de la Fed, Janet Yellen, en cambio, sí pudo producir el acontecimiento que evacuase el sopor. Le hubiera bastado con repetir allí las reflexiones del Consejo de Supervisión de Estabilidad Financiera que ella integra. Decir, por ejemplo, que la continuidad de las bajísimas tasas de interés acentuará la presión sobre fondos de pensión y compañías de seguros para lograr sus objetivos de rendimiento tomando riesgos crecientes sería soltar una bomba. Pero Yellen no desea asustar. Y cuando se le preguntó, dijo que no preveía males mayores, que no observa apalancamientos excesivos ni cotizaciones muy alejadas de los patrones razonables. Es más de lo mismo, mal que les pese a los impacientes.


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