10 de septiembre 2015 - 00:13

Aníbal Fernández, de la "no campaña" a un plan chacarero de un CEMA

• EL EFECTO "SUCIO" DE SER VOCERO Y CANDIDATO A LA VEZ.
• EL FOCO SOBRE EL VOTO DEL INTERIOR; DE CORCHOS Y BARRILETES

Aníbal Fernández y Florencio Randazzo
Aníbal Fernández y Florencio Randazzo
Aníbal Fernández no dejará cada mañana de oficiar de vocero irreductible de las luces y sombras del Gobierno de Cristina de Kirchner. Lo hará aunque pueda, en la lógica implacable del marketing político, resultar nocivo para su candidatura.

Lo hará, incluso, con más alta rotación y mayor visibilidad: desde esta semana, la pantalla de la TV Pública debe transmitir, de punta a punta y en vivo, los espadeos matinales que el jefe de Gabinete/candidato protagoniza con los cronista que lo esperan, temprano, en Casa Rosada.

Es una orden explícita para los programados del ex Canal 7 y, en el lenguaje críptico de la política, se traduce un gesto político de La Cámpora, clan que controla la señal oficial y abraza a Aníbal F. como un aliado táctico. En paralelo, en los territorios, el neocamporismo salió a jugar fuerte para sostener a Fernández y lo hace, al menos hasta acá, con más ánimo y énfasis que cuando debe "militar" la postulación de Daniel Scioli.

No es una reacción espasmódica. En el tránsito del quilmeño de bajar del escenario presidencial al ring bonaerense indicó, como condimento -para algunos determinante-, el compromiso que le expresó José Ottavis, cacique bonaerense de La Cámpora, de respaldar a Aníbal. Esa empatía dinamitó la postulación de Diego Bossio y se manifestó, sigilosamente, en la primaria contra Julián Domínguez.

Fiscales del PJ no K constataron que fiscales de La Cámpora apostaron, durante el escrutinio, a favor de las boletas de Aníbal. En esta etapa el operador territorial del pacto es Andrés "Cuervo" Larroque que selló con Ottavis, su antiguo duelista, un acuerdo para limitar los movimientos y el expansionismo de Eduardo de Pedro, "Wado".

Ante un hipotético chispazo con Scioli, La Cámpora apuesta a que Aníbal, como gobernador, sea su socio y sostén, y que los casilleros y despachos del Gobierno provincial sean su trinchera y refugio en tiempos de tensión y escarceos. Entre la realidad y ese plan hay, el 25 de octubre, una elección que el FpV debe todavía ganar.

Aníbal F., experto declarante y hábil refutador, es su propio jefe de campaña. Montó un anillo de aportes y cercanías, pero no puso un coordinador de campaña; ni siquiera sistematizó, en el modo convencional, la ruta hasta la elección. "La campaña es la no campaña" y "el jefe de campaña es el candidato", son las definiciones que suenan en el dispositivo K sobre el esquema operativo del quilmeño que ata, entre las tareas ministeriales y la candidatura, acuerdos políticos.

Ayer un contingente de legisladores y alcaldes que forman parte del esquema que conduce Florencio Randazzo lo visitaron en Casa Rosada para plegarse a la campaña, arrimarle sugerencias y comprometerse, en nombre de su jefe -que está en China, de donde vuelve en estos días- a jugar en la disputa provincial. La misma comitiva se verá en estas horas con Scioli.

Voto interior

A fines de septiembre, la guía electoral empezará a definirse, en buena medida porque Fernández confía que Scioli fije una táctica nacional que derrame sobre el esquema bonaerense.

En paralelo, hará los deberes. En la previa de la primaria del 9-A, enumeró "un plan de 5 puntos" que retomará ampliado y tendrá, como primera escala, un proyecto destinado al campo. Aníbal tiene, según cuenta en Casa Rosada, el nombre de quien será su ministro de Asuntos Agrarios si gana en octubre: se trata de Gabriel Delgado, actual secretario de Agricultura de la Nación, economista agrario que hizo carrera en el INTA y es, actualmente, el segundo de Carlos Casamiquela.

Delgado, que es hermano del fiscal federal Ricardo Delgado, funcionario judicial hipercrítico del Gobierno y que se formó en el ultraliberal CEMA, "fascinó al quilmeño y le diseñó un plan agrario para la provincia. Aníbal tiene en agenda la presentación de ese paquete de ideas, como una forma de revertir la negatividad en el interior provincial, continente donde el FpV hizo una muy mala elección en agosto.

La clave es simple y nada novedosa: prometerá bajar la presión impositiva a la producción agropecuaria y sobre ese eje girará el plan agrario de Delgado que, si todo marcha tal lo pautado, se sumará como vocero para que explique y difunda, al margen de lo que diga Fernández, las iniciativas para la provincia.

El candidato a gobernador montó un círculo de colaboradores -en su mayoría intendentes, sobre todo del interior- y diseña un pack de iniciativas en materia de seguridad, educación, cuestión vial y desarrollo ferroviario. De todos modos, Aníbal F. invoca la teoría del barrilete, según la cual la suerte electoral depende casi exclusivamente de Scioli. "La discusión de fondo debe ser que Scioli le gane a Macri y sea presidente", dice en un velado reproche a los que priorizan los resultados municipales. Con la sutileza de Atila, castiga sobre la tesis del corte de boleta preventivo y propone sostener a Scioli para que todos crezcan colgados del candidato nacional. Lo sintetiza en una frase del menú anibalístico: "No seamos boludos: si el agua sube, el corcho también".

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