4 de septiembre 2015 - 00:12

Aníbal-Vidal, tesis del corte inducido

Martín Insaurralde apareció ayer entre flashes: foto con Daniel Scioli y otra, antes, con Aníbal Fernández.
Martín Insaurralde apareció ayer entre flashes: foto con Daniel Scioli y otra, antes, con Aníbal Fernández.
En otra dimensión, sin lista entera ni votación simultánea, María Eugenia Vidal sería la futura gobernadora de Buenos Aires. Las encuestas que circulan ubican, en un imaginario mano a mano entre Vidal y Aníbal Fernández, a la candidata del PRO, de mínima, un punto arriba. Las que mandó a hacer Mauricio Macri estiran la distancia a más de 6 puntos.

Esa numerología lleva a los operadores macristas a un diagnóstico insólito: que Vidal le suma votos a Macri por lo cual, deslizan, el candidato presidencial debe colgarse de la dama de Morón. El vidalismo, que se trepa a la ilusión de ganar en la provincia aunque Macri pierda a nivel nacional, empezó a rezarles a los santos del corte de boleta y recuerdan como antecedente mágico la elección de 2011 en la que Francisco de Narváez sacó un 16,7% en provincia de Buenos Aires mientras su candidato presidencial, Ricardo Alfonsín, sumó 10,9 puntos. Es decir, hubo un fenomenal corte de boleta de 400 mil votos.

El factor tijera aparece en el escenario porque los mismos sondeos que ponen a Vidal por encima de Fernández muestran a Macri entre 6 y 10 puntos abajo de Daniel Scioli. La diversidad que reflejan las encuestas para volcarse -exacta- en las urnas exigiría un corte de boletas del 5%, algo así como 400 mil votos, cifra parecida a la que podó a Alfonsín en 2011, pero votó a De Narváez.

Al peronismo le espanta ese escenario. Y el espanto puede, en situación de desesperación, producir un fenómeno antes visto: que sea el propio oficialismo el que, para salvarse, induzca el corte de boletas. Lo sufrió Néstor Kirchner en 2009; lo padeció Scioli en la primaria del 9-A, en particular en el interior provincial.

La expectativa es, en el universo K, que se produzca un fenómeno clásico: que se vote presidente e intendentes, y la lista de gobernador se beneficie de ese arrastre positivo y, a la vez, genere poco arrastre negativo. El sciolismo, entre lamentos, estima que perdió más del 4% por la interna de gobernador y, sobre todo, la presencia del jefe de Gabinete en la boleta. Teme que ese costo se incremente en octubre, como lo temen los intendentes que ponen en juego sus butacas. El riesgo, bien mirado, no es el corte, sino que la presencia de Aníbal empuje al resto de la boleta. En el peor de los mundos, si esa tira manda para abajo a las demás, Scioli se aleja de la chance de ganar en primera vuelta y un puñado profuso de alcaldes se despedirían de sus pagos.

Por eso, aunque surgió de voceros opositores, no sería mal vista en sectores del Gobierno la propuesta de la "boleta única complementaria" que facilita, al poner todas las ofertas en una sola papeleta, el voto silvestre. Maliciosos en el PRO dicen que detrás de esa idea ronda el sciolismo.

Aníbal F. se esfuerza por raspar tensiones y matices con los caciques. Ayer juntó a los de la Primera Sección -zona oeste y norte- en el HN Bolívar, a la misma hora que desfilaban los candidatos de Cambiemos para firmar las planillas que hoy se presentarán ante la Justicia como postulantes proclamados. El jefe de Gabinete hará, además, doble turno en Mar del Plata, esta noche, en la cena que armó Fernando Espinoza, y mañana en el encuentro ampliado del PJ bonaerense donde también estarán Scioli y Carlos Zannini. Espinoza y el ministro de Seguridad, Alejandro Granados, se entregaron al ejercicio de convencer a los intendentes para que concurran a la cumbre, pero, en especial, lograr que lo hagan los perdedores de la primaria, personajes que pueden resultar esenciales en el sprint final.

El jefe de Gabinete repite, como un mantra, una frase: "Tenemos que empujar para que gane Daniel si no va a ser muy difícil gobernar la provincia y, a ustedes, gobernar los municipios con Macri como presidente". Lo dijo en las rondas con intendentes de estos días, a la que sumó ayer una paritaria individual con Martín Insaurralde, el lomense que también tuvo su foto con Scioli.

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