7 de diciembre 2012 - 00:00

Antes de viajar indicó el camino del contraataque

En Olivos, poco antes de las 4 de la tarde, Cristina de Kirchner se enteró del fallo de la Justicia que fulminó el 7D. Estaba a punto de partir hacia Brasilia, pero demoró la salida y convocó, para analizar la resolución, a Juan Manuel Abal Medina y a Carlos Zannini.

Habló, luego, con el titular del AFSCA, Martín Sabbatella y con Julio Alak para evaluar la contraofensiva judicial. Tras esas consultas ordenó elevar un recurso de queja a la Corte Suprema para reprobar la actuación de los miembros de la Cámara de Apelaciones Federal.

El mazazo desacomodó al Gobierno que unas horas antes había hecho circular, luego de la presentación prodesinversión del socio minoritario de Cablevisión, que podría ocurrir lo menos pensado: que el Grupo Clarín ingrese un plan de readecuación a la ley.

Aquel clima de minieuforia se derrumbó con la novedad judicial. Era, en el ajedrez K, una opción lejana, sostenida por el dictamen de los supremos de liquidar, en medio de tantas dilaciones, las instancias cautelares para ir sobre la cuestión de fondo.

Anoche, el relato que emanaba de Casa Rosada y que reprodujeron los voceros K se enfocó en ese punto -la extensión de la cautelar- para alimentar el argumento de que los camaristas fallaron a favor de Clarín incluso en contra de lo indicado por la Corte.

No alcanzó, sin embargo, para amortiguar el impacto del revés. En rigor, aunque la expectativa que el 7D generó entre los K estaba por debajo de lo que efectivamente ocurriría, la cautelar desarmó toda la coreografía en la que de mínima se acusaría a Clarín de «estar fuera de la ley».

Tarde, ya cuando Cristina de Kirchner se había embarcado hacia Brasilia a las 21, circuló una metalectura política del episodio. Según esa interpretación positivista, el fallo podría «beneficiar» al Gobierno porque lo dejaba en una inédita situación de «víctima».

Otra vez la teoría de la épica: alimentar para el mercado interno, el supuesto de que el holding Noble-Magnetto controla a los camaristas y pudo, por esa vía, impedir la entrada en vigencia de la ley. Interpretaciones optimistas en un clima de desazón.

Show dominical

Por la noche, en simultáneo, se viralizó entre los dirigentes otros mensajes para confirmar que el show del domingo en Plaza de Mayo seguía en pie y que, en realidad, el nivel de convocatoria se volvía todavía más trascendente luego del revés judicial.

Toda la semana, Oscar Parrilli habló con caciques del peronismo, sindicalistas y piqueteros, mandatado por la Presidente para convocar a los distintos sectores y dar indicaciones sobre el festival que contará con la presencia de Cristina de Kirchner.

A los intendentes del PJ del conurbano les pidieron que suspendan cualquier actividad en sus distritos que pueda «quitarle público» al show del Día de la Democracia y que colaboren con la movilización. El dato clave fue otro: «Sin banderas».

Aporte gremial

Lo mismo le dijo, ayer a la tarde, mientras afuera se aguaba la Ciudad, Parrilli a un club de jerarcas sindicales reunidos en UPCN: lo escucharon el local Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri (Obras Snitarias), Roberto Fernández (UTA), Héctor Daer (Sanidad) además de dirigentes de la UOCRA y taxistas.

Parrilli le dijo que Cristina de Kirchner esperaba el aporte de los gremios, que concurran sin identificaciones y que confiaban en una movilización masiva que le permita mostrar la jornada como una de «relanzamiento» del Gobierno.

En Balcarce 50 prefieren otra metáfora: hablan de un minibicentenario para dimensionar las expectativas sobre la convocatoria, que los organizadores estiman por encima de las 300 mil personas aunque otros se estiran hasta medio millón de concurrentes.

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