El enorme desafío de pensar y hacer las cosas bien en lo económico y social

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Buscamos acelerar la normalización, recuperar el nivel de actividad, el ritmo, la eficiencia, la ocupación y la exportación”. El país tiene el desafío de encaminar definiciones y acuerdos políticos que permitan ordenar la economía”.

No nos equivocamos si decimos que el año 2020 fue dramático, desde ya para la salud de las personas, pero también por el muy severo impacto sobre la vida, la actividad y la economía de familias y empresas, en un contexto de temor e incertidumbre que obligó a una porción muy grande de la sociedad a atravesarlo en una situación virtualmente de supervivencia.

El año 2021 nos viene presentando un panorama también difícil, pero con características mixtas, con luces y sombras, con unos primeros meses mucho más arduos y un final de año tal vez algo más auspicioso. Entendemos que la sociedad lo está transitando tras un proceso de adaptación, de aprendizaje y de mejoras con altibajos en lo relativo a la pandemia. Creo que en cierta forma se pudo salir del estupor inicial y eso da una idea positiva de resiliencia; las personas, las empresas y organizaciones, las medidas de ayuda del Gobierno y la campaña de vacunación, pudieron canalizar valiosos esfuerzos conjuntos que lograron respuestas y soluciones para un camino de retorno a la actividad, aunque todavía gradual e incipiente y no exenta de ciertas debilidades. Falta mucho por delante, pero es importante poder vislumbrar una salida futura al drama sanitario e imaginar, al menos en ese ángulo, una perspectiva de actividad casi normalizada a partir del segundo trimestre de 2022.

Algo de eso ya se está reflejando en ciertos indicadores de consumo interno. Pero a la vez, en un cuadro de contrastes, se ve también un mayor y preocupante deterioro en los indicadores sociales. Más allá de las complejidades conocidas en el contexto político, que entre otras cosas nos presentó un proceso eleccionario agotador que culminó sin lograr por ahora mayores aportes en términos de ideas y propuestas, enfrentamos a futuro un panorama económico y social muy desafiante.

Para la actividad económica de las empresas en general y de las nuestras en particular todo esto representa un enorme desafío. Buscamos acelerar la normalización, recuperar el nivel de actividad, el ritmo, la eficiencia, la ocupación, la exportación, el foco en hacer las cosas bien y en volcar a los mercados la mayor cantidad de productos. Necesitamos exigir y que nos exijan para volver a estar en régimen y para volver a crecer en lo que sabemos hacer, produciendo energía, aluminio y neumáticos, con trabajo argentino.

Pero debemos movernos con creatividad en un mundo en el que por ahora lo que más abunda es la escasez. En todas las regiones faltan materias primas e insumos críticos, faltan capacidades de logística, de transporte, falta energía, y hay una carrera por los recursos y un aumento de costos globales como consecuencia inevitable. Y localmente debemos sumar algunas restricciones más. La escasez de bienes y la falta de divisas por las que atraviesa la Argentina representan un obstáculo para la recuperación productiva y potencialmente podrían estar siendo un freno a la inversión para el crecimiento. A su vez, el proceso inflacionario erosiona la economía en su conjunto pero en particular a los sectores más vulnerables.

Para 2022 el país tiene el desafío de encaminar definiciones y acuerdos políticos que permitan ordenar la economía, generar un ecosistema financiero adecuado para la actividad industrial, y la infraestructura necesaria para que las empresas y las personas puedan desenvolver sus capacidades, cada una desde su rol. Para crecer se necesitan recursos y planificación. Tenemos el desafío de pensar y hacer las cosas bien, de hacer todo lo que sea necesario para recuperar la competitividad, imprescindible para poder exportar más y generar así un mayor volumen de empleo industrial calificado, y que esto induzca naturalmente un retorno de la inversión privada, pilar del crecimiento.

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