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Aporte del documento de G-20: la estabilidad del sistema financiero
En ese sentido, la cancelación de las deudas y los compromisos contraídos en el exterior no debe transformarse en un escollo que obstruya permanentemente el desarrollo de un país. Por el contrario, la solución del frente externo es un paso necesario en busca de la independencia económica, y la Argentina acaba de hacer un gran aporte para el tratamiento razonable y sostenible de los compromisos asumidos internacionalmente por las naciones soberanas.
El pasado fin de semana tuvo lugar la cumbre del G-20 en la capital del Estado de Queensland, Australia, que constituye el foro de cooperación entre países desarrollados y emergentes destinado a tratar temas de la agenda económica internacional. Está conformado por 19 países, más la Unión Europea, sus jefes de Estado (o Gobierno), titulares de bancos centrales y ministros de finanzas se reúnen regularmente desde 1999. Nuestro país participa de este organismo desde 2009, cuando se convirtió en el Grupo de los 20 desplazando al G-8 y al G-14.
El temario del reciente encuentro del Grupo de los 20 tuvo como centro el crecimiento económico, destacándose entre sus principales conclusiones la necesidad de erradicar la pobreza y la capacidad de proveer mejores estándares de vida y empleos de calidad a sus ciudadanos, cuestiones que fueron receptadas y mencionadas en su documento final.
Pero lo que verdaderamente otorga notoriedad al documento final de la cumbre es que, tras dos días de deliberaciones, se incluyera la importancia de dar estabilidad financiera al sistema internacional y a los procesos de reestructuración de deuda frente al accionar de fondos buitre o holdouts, lo que significó un paso enorme para los esfuerzos que venía realizando la Argentina en este sentido.
Desde hace algunos meses, el principal riesgo legal que presenta la deuda argentina se vincula con el juicio llevado adelante en las Cortes de Nueva York en relación con la deuda impaga derivada de la declaración del default de 2001. Luego de dos canjes de deuda (2005 y 2010), que permitieron la normalización del 92,4% del total declarado en default, quedó un monto sin reestructurar del 7,6%, que dio origen a la causa en el juzgado de Thomas Griesa, quien dictó un fallo que constituye una seria amenaza para el sistema financiero internacional en su totalidad.
Los fondos especulativos, que no destinan sus inversiones a la producción, infraestructura, producción o empleo, finalmente fueron reconocidos como un problema por los países presentes en el foro, cuyo documento final celebra el avance de los procesos desatados contra los holdouts, y la importancia de que éstos se lleven a cabo de manera ordenada y previsible. Si bien es muy importante para la Argentina el apoyo en función de su caso, mucho más lo es como antecedente para los casos de muchos otros países que atraviesan situaciones similares.
Específicamente, el punto que remarca la importancia de los procesos de reestructuración de deuda comienza haciendo hincapié en que el fortalecimiento de la economía y la estabilidad del sistema financiero global son cruciales para el crecimiento y el desarrollo sostenible. En su anexo, se hace mención a la litigiosidad de la acción de los fondos buitre, poniendo énfasis en el trabajo conjunto de todos los países miembro para crear e incentivar mecanismos de acción colectiva que permitan reducir los problemas derivados de estas situaciones en el futuro próximo.
Este avance en el G-20 se suma a la presentación formulada ante Su Santidad el papa Francisco, y al apoyo recibido de la OEA y la ONU a mediados de este año, cuando varios países de América Latina y el Caribe coincidieron en que este tipo de fondos provocan hambre y pobreza, imposibilitando el crecimiento de las economías, únicamente buscando obtener ganancias extraordinarias y desmedidas.
Recientemente México colocó deuda en los mercados internacionales con una novedad: incluyeron una cláusula "antibuitre" que impide que un tenedor con menos del 25 por ciento de los papeles de deuda bloquee una eventual reestructuración; esta decisión del Gobierno mexicano seguramente se repetirá entre los países en desarrollo. La cláusula está claramente basada en el caso de los holdouts argentinos.
En definitiva, el G-20 compartió la preocupación por trabajar en pos del crecimiento sostenido con mejor calidad de vida, cuidado del medio ambiente, y la construcción de la confianza global, entre otras medidas tendientes a aliviar las consecuencias de las crisis financieras internacionales, sentando además las bases para iniciar la construcción de un marco que regule el accionar de los fondos meramente especulativos, orientando las inversiones genuinas a los procesos de desarrollo económico.
(*) Coordinador fundación DAR


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