4 de mayo 2010 - 00:00

Argentina 2001, espejo de Grecia

Los oráculos ya lo dicen a viva voz: la tragedia griega terminó su primer acto, el rescate de 110 mil millones de euros soluciona los problemas de liquidez, pero el país sigue siendo insolvente. La deuda bruta llega al 130% del PBI y sigue creciendo, ya que el déficit fiscal está cercano al 10% del producto mientras que la economía está en caída libre.

¿Se parece Grecia hoy a la Argentina de 2001? Ciertamente que hay semejanzas. Primero, en ambos casos existieron muy pocos grados de libertad en el uso de instrumentos de política económica para dar respuesta a la crisis sin que implique un cambio drástico en las reglas de juego. La devaluación era tabú en la Argentina y salir del euro es impensable en este momento en Grecia.

El default fue la opción por la que optó la Argentina (con la venia implícita del Fondo y del Tesoro de Estados Unidos, que no quiso que los plomeros y carpinteros de ese país ayudaran a la Argentina). Eso fue seguido por una fuerte depreciación del peso y de un aumento en la inflación que fueron centrales a la hora de bajar el déficit fiscal.

Grecia tiene mejores socios y han mostrado un bolsillo profundo listo para ayudar. Sin duda que el vecindario ayuda; si la Argentina hubiera estado entre los países del «Club Med» tal vez otro hubiera sido nuestro destino. Pero por ahora los vecinos sólo le han dado oxígeno a través de fondos frescos, al tiempo que los problemas de fondo siguen y todavía no se ve la luz al final del túnel.

El principal desafío que enfrenta Grecia es reducir su déficit fiscal en medio de una gran recesión. La experiencia muestra que para países que han sufrido situaciones como la griega las soluciones son complejas y el número de opciones es limitado. Todos quieren solucionarlo a través del crecimiento, que es la opción indolora, pero desgraciadamente es la menos común y es muy poco probable que funcione en Grecia. ¿Alguien piensa acaso que van a bajar los sueldos o desregular el mercado laboral para mejorar la competitividad? Descartamos entonces que pueda funcionar la opción uno, aunque vale la pena recordar que sí funcionó en Irlanda en los años 90.

Alternativa difícil

La segunda alternativa es una fuerte baja del gasto público o un gran aumento de impuestos. Esta es una alternativa difícil de implementar en medio de una recesión y con sindicatos y jubilados que no están dispuestos a aceptar bajas nominales en sus ingresos. La Argentina en una situación similar quiso pero no pudo. ¿Por qué Grecia va a ser diferente?

La tercera opción, y la más frecuente para resolver problemas fiscales, es la combinación de devaluación e inflación (como en los casos de la Argentina 2002, Brasil 1999 y México en el efecto tequila). En todos estos episodios se lograron ajustes fiscales importantes (de más de cinco puntos porcentuales del PBI) y las economías lograron mejorar su situación externa. Sin embargo en el caso de Grecia este combo no parece que sea una alternativa a menos que abandone el euro, lo que no parece probable, al menos por ahora.

Siempre queda la cuarta opción, que es la del default. Probablemente es la solución que sería menos traumática para Grecia, pero es la más temida por los países que integran la zona del euro, ya que seguramente llevará a un efecto contagio y a un desplome de los bonos de países como Portugal, España y hasta de Italia.

Los riesgos de un posible default de Grecia serían profundos, comparables tal vez sólo con la caída de Lehman Brothers. Llevaría inevitablemente a un pánico financiero, ya que los inversores primero huirían de los bonos de los países más vulnerables del área del euro. Además, se complicaría ya que los bancos de países como Francia, Alemania, Suiza y Austria tienen importantes exposiciones crediticias a los países mediterráneos.

El mundo todavía se está reponiendo de la crisis de 2008 y no hay margen para un nuevo pánico bancario. Por lo tanto, Europa no va a dejar caer a Grecia aunque implique que los carpinteros y plomeros alemanes y franceses les sigan financiando la fiesta a los empleados públicos griegos. Los riesgos son muy altos y las interconexiones financieras a lo largo y ancho de Europa implicarían que la crisis rápidamente escalaría al resto de la región.

El primer acto de esta tragedia termina con un final previsible. Sin ajustes fiscales que son políticamente difíciles, sin devaluaciones que implicarían una salida del euro y sin un default que amenace la estabilidad financiera de Europa. La solución ha sido recurrir a los dioses mitológicos para que sigan dando tiempo y encuentren en algún momento una solución mágica. A veces los milagros suceden, pero todo indica que estamos pacientemente esperando el último acto de una típica tragedia griega.

(*) Econviews y Universidad Di Tella.

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