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Argentina paga su deuda y firma la “paz financiera” con Alemania
Wolfgang Schäuble y Axel Kicillof
El retraso del país para acelerar esta discusión de "segunda generación" luego del acuerdo con el organismo financiero, había provocado fuertes roces entre ambos gobiernos, que derivaron incluso en septiembre del año pasado (cuatro meses después del acuerdo con el Club de París), en un cruce verbal entre funcionarios de los dos estados; con fuertes acusaciones cruzadas que derivaron incluso en un estancamiento en las relaciones económicas bilaterales. Fue cuando el ministro de Finanzas de Angela Merkel, Wolfgang SchTMuble, dijo en septiembre de 2014 que la Argentina era "un ejemplo de falta de solidez", y que en el país "insultan a los fondos y los llaman «buitres», pero la causa del problema es la propia Argentina" ya que "ha vivido durante décadas por encima de sus posibilidades, no paga sus deudas y está por eso casi aislada del tráfico internacional de pagos".
Las declaraciones de SchTMuble se daban en medio del duro conflicto que el país mantenía en el segundo semestre del año pasado contra la demanda de los fondos buitre, luego de que en julio el país había perdido el fallo en el "juicio del siglo" y el juez Thomas Griesa ya había arrojado a la Argentina al "default técnico". En medio de la polémica porque el Gobierno avanzaba en la reglamentación del cambio de jurisdicción del pago del bono Par de Nueva York a Buenos Aires, SchTMuble lanzó esa frase que generó fuerte polémica en el país y provocó mayores problemas para la imagen financiera de la Argentina en el mundo.
La contestación contra el ministro de Finanzas alemán vino de parte del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que aseguró que "Alemania siempre ha tenido una actitud hostil hacia la Argentina. Esa posición hostil es favorable a los fondos buitre" y la opinión de SchTMuble "no es casualidad la opinión del ministro alemán". Capitanich recordó que "es necesario decirle" al ministro alemán "que el origen de la deuda con el Club de París fue en 1956 con una dictadura militar" y habló de "un círculo perverso" en el país por "los gobiernos dictatoriales" que "dejaron deuda para que otros gobiernos afronten las responsabilidades de pagarlas". "Da que pensar por qué las grandes potencias del mundo no tienen actitud firme contra los grupos minúsculos que pulverizan el funcionamiento correcto del sistema internacional", planteó, agregando que "pareciera que los gobiernos están cooptados por los grupos financieros y fondos buitre que condicionan actitud, voluntad y expresiones".
No hubo respuesta desde Berlín, más allá de cerrar todas el posible diálogo para acuerdos financieros y económicos bilaterales. La situación comenzó a cambiar desde fines de noviembre pasado, a partir del diálogo entablado por el entonces flamante presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, con representantes de entidades financieras alemanas. Luego, en enero pasado, las negociaciones entre el ministerio de Axel Kicillof y el alemán de SchTMuble, ahora más flexible con la posición argentina. Finalmente el acuerdo fue firmado ayer entre Kicillof y el embajador alemán en el país, Bernhard Graf von Waldersee, e implica un Convenio de Regularización de Deuda, que "documenta los esfuerzos de la Argentina por normalizar las relaciones financieras internacionales". Según el documento, que distribuyó ayer la propia embajada alemana en el país, la firma del acuerdo "es un importante paso para la generación de confianza y puede contribuir a que se le reabra a la Argentina el acceso a los mercados financieros internacionales". De hecho, hay al menos dos entidades financieras alemanas de peso que están interesadas en sondear la posibilidad de colocar deuda argentina voluntaria en el exterior, decisión que debe tomar el propio Kicillof.
Los 2.600 millones de euros que el país pagará a Alemania, corresponden a unos 2,5 mil millones de euros a deudas por operaciones comerciales reaseguradas por el Gobierno alemán y otros 71 millones de euros a deudas de cooperación financiera. El dinero formaba parte del pasivo de unos 9.700 millones de dólares que Kicillof había negociado con el Club de París en mayo del año pasado, y que el país se comprometió a pagar en un plan de 5 años, con una liquidación al contado de unos u$s 650 millones, más otros 500 millones en mayo de este año.
El saldo se liquidaría en pagos anuales iguales en un plan de 5 años, con un interés del 3%. Los países acreedores se comprometían incluso a invertir en la Argentina el mismo dinero que el país liquidara; y, si durante el plazo de 5 años las inversiones adicionales fueran insuficientes, la Argentina podía posponer los vencimientos hasta dos años más totalizando 7 años, con lo que podría incrementarse el costo financiero en alrededor de un 1% adicional para el período completo.
En esas negociaciones de mayor de 2014, la Argentina logró además que no intervenga en el acuerdo el Fondo Monetario Internacional (FMI) como veedor y fiscalizador del pago de la deuda. Precisamente Alemania, junto con Japón, habían sido los estados que más habían presionado para que el organismo internacional interviniese, lo que fue rechazado insistentemente por la Argentina. Esto retrasó (y encareció) el acuerdo final entre el país y el Club de París, lo cual generó un mal clima financiero bilateral, que parece haber quedado ayer olvidado por los gobiernos de Kirchner y Merkel.


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