Argüello Pitt: la relación fraternal sometida a examen

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"Dos hermanos (un docudrama del futuro)" tiene por protagonistas a Virginia y a Dennis Smith, dos actores que recrean en escena su vínculo fraterno, afectado por la distancia (Virginia vive en México desde hace 17 años) y por la fantasía de un eventual apocalipsis que los atrape por separado. Esta coproducción argentino-mexicana, ganadora del Proyecto IBERESCENA 2012, fue dirigida por Cipriano Argüello Pitt, director de reconocida trayectoria y docente en la Universidad Nacional de Córdoba. La misma se exhibe en ElKafka Espacio Teatral (Lambaré 866) todos los viernes a las 21 hs., hasta el 29 de marzo inclusive. Luego, la obra viajará a México donde ofrecerá varias funciones.

Periodista: ¿Cómo le llegó esta propuesta?

Cipriano Argüello Pitt: Virginia vio en Córdoba un trabajo mío que le gustó mucho. Entonces, me propuso dirigir este proyecto en el que trabajamos mucho. Prácticamente convivimos durante un mes y medio. Fue casi fue un triángulo amoroso (se ríe). Yo también tengo un hermano de la edad de Dennis radicado en Irlanda, y me sentí muy identificado con el material.

P.: ¿Cómo es la relación entre hermanos de distinto sexo?

C.A.P.: Yo no tengo hermanas mujeres y cuando empecé a buscar referencias en la literatura, en primer lugar aparecieron situaciones de incesto o de orden trágico: te mato porque sos mi espejo. Aquí no hay nada de eso porque el vínculo entre Dennis y Virginia es muy sincero y también nostálgico. Los dos necesitaban unirse para producir algo en común.

P.: ¿Qué beneficia tener la familia a la distancia?

C.A.P.: Cuando los vínculos familiares son positivos y amorosos se genera una red afectiva que hace que las personas reafirmen su identidad allí donde se encuentran. Virginia vive desde hace 12 años en México, pero todo el tiempo está referenciada a lo argentino. A la vez carga con el desarraigo del que ha tomado la decisión de vivir en otro lado como un acto de reafirmación personal. En este caso, la distancia está vincula a la catástrofe metafóricamente; porque el emigrar genera una ruptura, en el sentido de que uno rompe con sus raíces y tiene que rearmar su historia sobre una nueva base. Una espectadora que vio la obra cuando la estrenamos en Córdoba, me decía que la primera catástrofe es el abandono de los padres. Si bien no enfocamos directamente ese tema, ellos cuentan "Hansel y Gretel". P.: ¿Qué diferencia Docudrama de Biodrama?

C.A.P.: A mí me gusta mucho ese formato. Vi las primeras experiencias de Stefan Kaegi que él denominó "Readymade teatrales"; los Biodramas de familia de Vivi Tellas a quien invitamos a dar un seminario en Cordoba en el 2005; los trabajos de Lola Arias ("Mi vida después") y del cordobés Ariel Dávila ("Audiotour ficcional"). Pero hasta ahora nunca había incursionado en este formato. De todas maneras, nosotros no entramos en el terreno psicológico del Biodrama trabajamos con una mayor abstracción y con distintos registros de actuación. Los hermanos cantan, citan fragmentos de "Regreso al desierto" de Bernard Marie Koltés, monologan y discuten. Hay una trama secreta entre ellos, que de alguna manera van develando a través de esta fantasía lúdica de estar juntos en escena.

P.: ¿Qué rescata de esta primera experiencia?

C.A.P.: Me hizo pensar en los límites de la representación. ¿Hasta dónde el intérprete habla de sí mismo, sin máscaras? En la obra, el vínculo entre hermanos es una realidad tangible que está rodeada de datos apócrifos. El gran aporte del Biodrama fue haber introducido algo de lo real en escena y eso fue tomado por el teatro contemporáneo. El no saber si es verdad o si es representación lo que uno ve en escena, modifica totalmente la percepción y ya no puede quedar inmune ante a ese acontecimiento.

P.: ¿Imaginar la muerte de los protagonistas fue influencia de México?

C.A.P.
: Hay algunos elementos mexicanos en la puesta. Como es sabido México tiene una tradición celebratoria en relación a la muerte; en cambio, los argentinos no tenemos resuelto ese tema. Hace dos años estuve en Croacia y vi en el cementerio lápidas con nombres de personas muertas y de personas vivas. En estas últimas figuraba el nombre y la fecha de nacimiento del futuro ocupante, dejando en blanco la fecha de defunción. Esta experiencia me ayudó a hablar de la muerte desde un lugar más liviano si se quiere.

Entrevista de Patricia Espinosa

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