19 de agosto 2009 - 00:00

Armado, a metros del presidente, y nadie lo detiene

Como un matón, el hombre se paseó el lunes con un rifle cargado a metros de Barack Obama, cuando éste visitó Phoenix. La Policía lo miraba de reojo, pero no pudo detenerlo por el derecho a portar armas que es ley en Arizona.
Como un matón, el hombre se paseó el lunes con un rifle cargado a metros de Barack Obama, cuando éste visitó Phoenix. La Policía lo miraba de reojo, pero no pudo detenerlo por el derecho a portar armas que es ley en Arizona.
 Nueva York - No estamos en Kabul, sino en Phoenix, Arizona. El afroamericano con el rifle semiautomático AR-15 se encuentra entre los manifestantes que acuden a fustigar al presidente Obama por cuenta de la reforma sanitaria. «En Arizona, aún tenemos nuestras libertades», se jacta ante las cámaras.

La Policía lo vigila de reojo, pero no pueden detenerlo, ni obligarlo a ocultar el arma cargada. En Arizona, la patria chica de John McCain, las cosas no han cambiado mucho desde el tiroteo en OK Corral (1881). La ley permite que cualquiera pueda llevar un arma en público mientras sea visible («open carry»). Para poder llevarla oculta, eso sí, hace falta un «permiso».

Como un matón de película, el propietario del rifle de asalto avanza con total impunidad entre sus compatriotas. De poco sirven las quejas a la Policía. Lo más que pueden hacer es no perderlo de vista, y mantener al tanto a los Servicios Secretos, velando por la seguridad del presidente en su arriesgada incursión por el salvaje oeste. Al menos una decena de «pistoleros» armados arroparon al hombre del rifle -no quiso revelar su nombre- en el «saloon» republicano de Phoenix.

Días antes, el pistolero William Kostric exhibió su arma en New Hampshire al tiempo que exhibía una pancarta con una cita de Jefferson: «¡Ha llegado el momento de regar el árbol de la libertad!» (curiosamente, la misma leyenda que llevaba en la camiseta Timothy McVeigh, el autor de la bomba contra el edificio federal de Oklahoma).

Aprovechando el odio creciente contra Obama y obedeciendo la consigna de ultratumba de Charlon Heston («!Tendrán que arrebatármela de mis manos muertas!»), los amantes de las armas se lanzaron a la conquista de esa tierra de nadie en los mitines del presidente. Para poder entrar, hay que pasar necesariamente por un detector de metales, pero los Servicios Secretos no ocultan su preocupación creciente por lo que está pasando.

«Cuando empiezas a ver armas en lo mitines políticos, se crea sin duda un efecto escalofriante», reconoce Fred Solop, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Norte de Arizona. «Estamos poniendo en duda la habilidad de nuestra sociedad para comunicarnos honestamente».

«Esto es una locura», denuncia desde Washington Paul Helmke, al frente de la Campaña Brady para Prevenir la Violencia de las Pistolas. «Llevar un arma cargada, y más un rifle de asalto, a un acto político y en las cercanías del presidente, es crear una situación peligrosa para todos».

Por increíble que parezca, el hombre del rifle está en su derecho y anima a sus compatriotas a hacer lo propio: «Tengo la suerte de estar en un estado donde es legal llevar un arma a los ojos del público, aunque la Policía no lo sepa e intimide a la gente. La gente debería seguir mi ejemplo y salir más frecuentemente con sus armas».

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