El descenso llegó al 10,47%, hasta los 76.983,66 puntos, si bien este mercado de valores lleva ganado un 0,29% en lo que lleva de 2013 y un 41% desde junio del año pasado. Además del desplome, también aumentó el costo para asegurar la deuda local contra un impago y la lira turca cayó a un mínimo de 16 meses. Los expertos observan con recelo este escenario y no descartan que de continuar esta tendencia, otros mercados emergentes puedan sufrir un efecto contagio.
Paralelamente, miles de personas se concentraban ayer por cuarto día consecutivo en la simbólica plaza de Taksim en Estambul, donde volvieron a registrarse enfrentamientos con la Policía antidisturbios. Tras una relativa pausa, una vez más policías y participantes en las protestas contra el Gobierno turco se enfrentaron en el barrio de Besiktas, cercano a Taksim y que ya había sido escenario de duros choques durante la madrugada.
Las protestas contra las autoridades arrancaron después del desalojo forzoso de una acampada pacífica en el parque de Gezi, uno de los últimos espacios verdes del centro de la ciudad, que el Gobierno quiere convertir en un centro comercial. Desde ya hace cuatro días, la zona se halla rodeada de vehículos policiales quemados, colectivos cruzados y barreras erigidas con materiales de construcción y mobiliario urbano. Hasta el momento, la Policía no había intentado recuperar el lugar, aunque su masiva presencia a menos de un kilómetro hacía temer un asalto inminente.
Todos recordaban la violenta intervención policial del domingo a la noche en Ankara, donde los antidisturbios desalojaron a unas 10.000 personas de la céntrica plaza de Kizilay, detuvieron a medio millar de personas y causaron numerosos heridos, entre ellos un joven que entró en coma probablemente irreversible. Además, un profesor y un estudiante de Estambul perdieron un ojo, el primero por el impacto de una granada de gas y el segundo por una bala de caucho, según el diario Radikal. Al mediodía local, la Policía volvió a intervenir en Ankara para desalojar a unos 3.000 estudiantes de secundaria congregados de nuevo en la plaza de Kizilay.
Los sucesos en el único socio musulmán de la OTAN son seguidos de cerca por la comunidad internacional.
El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, de visita en Polonia, afirmó que "nos preocupan los reportes de un uso excesivo de la violencia por la Policía, esperamos que haya una investigación completa de esos incidentes y una contención total por parte de los agentes frente a estos incidentes".
Si la situación en la calle es confusa, más todavía lo es en las esferas políticas turcas. Erdogan, inflexible en su voluntad de seguir adelante con el proyecto de edificar el shopping en el parque de Gezi, continuó ayer calificando las protestas de "brotes extremistas".
Pero momentos más tarde, el presidente turco, Abdullah Gül, que al igual que el primer ministro es una figura histórica del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), contradijo a su antiguo compañero de viaje. "La democracia no son sólo las elecciones; hemos entendido el mensaje", aseguró Gül, cuya primera intervención conciliadora el sábado pasado marcó la retirada de la Policía.
"Vivimos en una sociedad abierta y hay que mostrar respeto hacia todas las opiniones, visiones e ideas políticas diferentes", recalcó el presidente, al tiempo que subrayó el papel de la Justicia como instancia suprema.
Pero el primer ministro efectuaba desde ayer una visita oficial a Marruecos, desde donde irá a Argelia y Túnez, un viaje del que no volverá hasta mañana. En una conferencia de prensa en Rabat, Erdogan aseguró que antes de su regreso a Turquía "el problema habrá terminado". Respondió a las palabras de Gül diciendo: "No sé qué ha dicho el presidente, pero para mí la democracia se expresa a través de las urnas".
La crisis se interpreta como una muestra de la creciente frustración con Erdogan, a quien sus críticos acusan de un creciente autoritarismo. Pese a la innegable legitimidad de un gobernante que lleva ganadas tres elecciones desde 2003, su figura fue siempre polémica en Turquía, porque su partido tiene sus raíces en un movimiento islamista abolido por el Ejército por amenazar la naturaleza estrictamente laica del Estado kemalista turco. Sus detractores -incluyendo al establishment militar- dicen que quiere imponer sus visiones conservadoras islámicas a la sociedad secular, pero Erdogan lo desmiente.
| Agencias EFE, ANSA y Reuters, y Ámbito Financiero |


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