Una de las cosas buenas de las crisis es que quienes hacen las cosas bien suelen ser premiados y quienes las hacen mal terminan sufriendo. Tras abrirse al público y luego de todas las adquisiciones de los últimos años, el NYSE apenas alcanza a negociar hoy el 30% del volumen total de los papeles que lista y sus acciones son de las más castigadas del mercado (desde diciembre de 2007 pierden el 70%). La explicación es muy sencilla: su servicio es caro y lento frente a otras alternativas. El que, en cambio, está haciendo las cosas bien es el mercado brasileño, donde ayer se lanzó la mayor oferta inicial de acciones del año en todo el mundo. Lo que es mejor aún, la empresa (VisaNet o Cia. Brasileira de Meios de Pagamentos) esperaba recaudar u$s 2.870 millones y consiguió u$s 3.700 millones. Esto gracias a una estricta supervisión del mercado por la Comisión de Valores, que mostrándose independiente de cualquier poder político excluyó a 19 operadores. Moraleja: la transparencia, cuando es en serio, paga. Podría parecer que nos apartamos de nuestro obligado análisis de la plaza norteamericana, pero si algo refleja el éxito del IPO brasileño es que ayer había mucho dinero líquido dispuesto incluso a arriesgarse en plazas de segunda línea si las condiciones eran buenas. Es claro que no todo fue a Brasil. La última licitación de notas del Tesoro fue tanto o más exitosa que sus predecesoras en la semana. Los commodities treparon el 1,4% y el petróleo superó los u$s 70 por barril. El Dow trepó el 2,08%, a 8.472,4 puntos e incluso papeles como los de la constructora Lennar que reportaron pérdidas fueron premiados con una suba. No es que la realidad haya cambiado, pero con un poco de "window dressing", otro de cierre de posiciones vendidas y menos de 1.200 millones de papeles operados, fue fácil olvidar las malas noticias.
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