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Arriesga Obama peligrosa división de su partido por la reforma de salud
En un lado de este debate están demócratas progresistas como Howard Dean, ex presidente del partido y médico de profesión, para quien la ausencia de un rol del Estado en el sistema de salud vaciaría de contenido la reforma planteada por el presidente Barack Obama.
De otro, están los conocidos como «Blue Dogs» (perros azules), un grupo de 52 congresistas demócratas, conservadores en el terreno fiscal, que se confiesan preocupados por el billón de dólares que se prevé que costaría la reforma durante la próxima década.
En el medio se encuentran demócratas moderados como Kent Conrad, presidente del Comité Presupuestario del Senado, para quien el defender un plan público de salud es un «esfuerzo inútil», ya que, en su opinión, no hay suficiente respaldo para su aprobación. Conrad propuso, en su lugar, la creación de cooperativas de salud sin fines de lucro que competirían con las aseguradoras privadas y que operarían bajo un paraguas nacional con filiales estatales.
Desde fuera del partido, distintos analistas políticos describen la fractura como un «cisma» peligroso que amenaza con desincentivar a las bases progresistas que impulsaron a Obama al poder en noviembre pasado.
«Lo que nadie parece ver en Washington es que ésta es una gran pelea para movilizar a las bases de cada partido», dijo Jim Morone, profesor de la Universidad de Brown y autor del libro «El corazón del poder: salud y política en el Salón Oval».
Según Morone, si los demócratas deciden debilitar o retirar la «opción pública» de la reforma sanitaria, «las bases republicanas estarían eufóricas y votarían en masa en los próximos comicios».
Más importante para Morone es el efecto que tendría sobre los progresistas, que dieron la mayoría a los demócratas en las últimas elecciones presidenciales y legislativas.
«Los desanimaría muchísimo y se quedarían en casa en los comicios» legislativos del próximo año, pronostica el experto, quien asegura que eso fue lo que ocurrió cuando el Gobierno de Bill Clinton (1993-2001) fracasó con su reforma sanitaria.
Similar opinión comparte el premio Nobel de Economía y columnista del diario The New York Times, Paul Krugman.
«La opción pública se convirtió no tanto en un símbolo sino en una señal, en una prueba para ver si Obama es realmente el progresista al que los activistas creyeron estar respaldando», dijo el economista en un artículo publicado anteayer.
Para el premio Nobel, lo más raro del debate que se generó a raíz de los ambiguos comentarios realizados durante el fin de semana por Obama y otros altos funcionarios del Gobierno es que la Casa Blanca no parece entender lo que hay en juego.
Estados Unidos es la única nación desarrollada que no tiene un programa amplio de cobertura nacional para todos sus ciudadanos, lo que explica, en parte, que alrededor de 47 millones de los 300 millones de habitantes del país carezcan de cuidado médico.
La reforma busca tanto reducir los costos como ampliar la cobertura. Para lograr esos objetivos Obama defiende, aunque un tanto titubeante últimamente, la «opción pública», que introduciría competencia en un sistema dominado por las aseguradoras privadas.
Ese plan se encontró desde un principio con la resistencia republicana y tampoco cuenta, como quedó de manifiesto estos días, con el beneplácito de todos los demócratas.
Agencia EFE


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