“La mayoría de las obras maestras de cine que más amo no las he visto nunca en la gran pantalla”. Muchos espectadores de las nuevas generaciones podrían rubricar esta frase. También alguna gente grande. Quien la dice es nada menos que el gran director mexicano Alfonso Cuarón. Lo singular es que él mismo también tiene obras notables, como “Niños del hombre”, y “Gravedad”, hoy fuera de circulación en salas, y ha presentado este año una verdadera pieza maestra, una de las mejores en lo que va del siglo que, algo propio de estos tiempos, la mayoría de los espectadores no verá nunca en la gran pantalla.
"Roma": un fresco que reclama una pantalla grande
Título emblemático del triunfo del streaming por sobre la sala tradicional, en Buenos Aires podrá ser visto gratuitamente en seis únicas funciones en el Malba, a partir del 14 de diciembre, en su formato amplio de 65 mm.
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Se trata de “Roma”, ya segura candidata a varios Oscar del próximo febrero. Su nivel es indiscutible. Lo que se discute es la difusión. Sucede que la produjo Netflix, otorgando todo el presupuesto y la libertad creativa que corresponde a un artista, pero con la exigencia de estrenarla primero en forma online, lo que ocurrirá mundialmente este viernes. Así salió la película que el autor soñaba pero, cuando la presentó al Festival de Cannes, el lobby de exhibidores franceses puso el grito en el cielo: ¿qué negocio sería estrenar en salas una producción ya ofrecida en los hogares? El Festival de Venecia entendió mejor los tiempos actuales: hoy las películas se ven mayormente en los hogares. Así es como “Roma” entró en competencia oficial y se llevó el León de Oro. Y a partir de allí tuvo las puertas abiertas para más festivales y más premios. Pero las puertas de las grandes cadenas de exhibición siguen cerradas.
Por suerte, además de un mínimo de pantallas de Los Angeles y Nueva York para cumplir con el reglamento de los Oscar, empiezan a anotarse varias salas independientes, y/o de arte, en diversas partes del mundo, como Corea (50 salas), Colombia (8, incluyendo la Cinemateca del Caribe y el Museo de Arte Moderno de Medellín), España (solo 5, en Madrid, Barcelona y Málaga) y, por supuesto, México (100, que se fueron sumando de a poco, desafiando el bloqueo de las dos cadenas principales). En la Argentina fue la película de clausura del Festival de Mar del Plata (aplausos a los programadores que la consiguieron, y al Auditorium, que logró una proyección impecable en 65 mm., con un sonido que envolvía toda la sala) y ahora se verá en el Malba, gratis, pero apenas en seis funciones (14, 15 y 16, 21, 22 y 23 de diciembre.
¿Pero qué tiene de tan excepcional esta película? Simplemente, es una obra única, emotiva, de enorme aliento, de admirable talento, precioso y callado contenido y riquísima puesta en escena, que invita al solaz y el recuerdo tanto como a la fortaleza anímica y la reflexión, y obliga además estar atentos incluso a lo que sucede en segundo y tercer plano. Lo ideal es verla en una sala, en silencio, sin interrupciones, algo difícil de lograr en casa, por más grande que sea el televisor, más moderno el equipo de sonido, y más respetuosos y bien educados los hijos, las mascotas y los vecinos. La ventaja, eso sí, es la posibilidad de volver sobre ciertas escenas, mirar con mayor detenimiento sus detalles, y volver a mirarla.
La historia parece simple. La vida de una criada en una casa de familia donde todos la quieren. Afuera las cosas son un poco distintas. Y es la propia infancia del realizador la que aquí se reproduce. Dicen que inclusive ha reproducido fielmente el hogar materno, los muebles, y hasta una finca y una avenida tal como era en esa época. La acción transcurre entre 1970 y 1971, en una vecindad de gente bastante acomodada del DF llamada Roma y, como en la vida de todos, pasan muchas cosas. Lo cotidiano y lo singular, momentos de dicha hogareña y momentos de crisis, accidentes sin mayor importancia (pero que van preparando el clima) y desgracias enormes.
Ahí está, cuando menos se lo espera, el Halconazo de Corpus Christi, famosa acción parapolicial de negra memoria. Y están otros momentos, ninguno con discurso explícito. La criada es sencilla, trabajadora, llena de afecto. Ella hace su rutina cotidiana, sufre un drama terrible en carne propia, se convierte de pronto en heroína, arriesgando su propia vida por puro amor a los hijos de su patrona, y luego, con una sonrisa suave, sigue su rutina cotidiana. Ella representa sin saberlo a los pobres infelices del mundo, los despreciados y utilizados que se sienten bien contemplando la felicidad ajena, sin pedir gran cosa para ellos. No solo los infelices de México. Esta obra es universal. Su intérprete es una muchacha mixteca, Yalitza Aparicio, que ya empieza a ganar premios, y la asesora del film, o al menos la asesora especial, es Liboria Rodríguez, la auténtica criada que se ocupó de Cuarón y sus hermanos cuando niños. A ella, dedica el autor esta obra.


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