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Artistas de EE.UU. muestran la caída del imperio americano
Larratt-Smith sentado en el diván de Freud, cuyo texto «El malestar en la cultura» sirve al curador para indagar los aspectos psicológicos de la cultura estadounidense, uno de los items que conforman el soporte teórico de «Bye Bye American Pie».
Pocas exposiciones ostentan sin embargo, un soporte teórico tan significativo. El curador indaga en «El malestar en la cultura», título que toma del conocido texto de Freud, los aspectos psicológicos de la cultura estadounidense, deja atrás el clímax y la celebración sesentista que retrató Warhol para adentrarse en el universo de las subculturas. «La producción de estos artistas profetiza la decadencia gradual de los Estados Unidos, no solo en su hegemonía económica y política, sino también como cultura y como ideal», señala. «La caída de la casa del Ratón Mickey» del escritor, cineasta y crítico de arte Gary Indiana, y «El sueño electrográfico» del pensador británico John Gray, completan un horizonte donde se divisa tan sólo la adversidad.
No es la primera muestra de Larratt-Smith en Buenos Aires. Ganó su prestigio con la excelencia de su trabajo como curador de «Andy Warhol, Mr. America (2009-2010)» en el Malba, y de «Louise Bourgeois: El retorno de lo reprimido» en la Fundación Proa de La Boca (2011). Radicado entre Londres y Nueva York y graduado en la Universidad de Harvard, el curador cimentó su trayectoria internacional en varios continentes. Sobre la repercusión que podría tener la exhibición en Buenos Aires (ya que con obras mucho menos «realistas» o atrevidas, los jóvenes británicos escandalizaron al intendente Giuliani), y también sobre sus planes de quedarse un tiempo en la ciudad, este diario conversó con Larratt-Smith. Mientras responde nuestras preguntas, trabaja en la casa de Sigmud Freud en Londres, donde está montando una muestra de Bourgeois.
Periodista: ¿Cómo surge su relación con la Argentina y específicamente con el Malba?
Philip Larratt-Smith: Yo trabajé en Buenos Aires por primera vez en 2009, cuando llevé la exposición de Andy Warhol al Malba. La exhibición de Louise Bourgeois en la Fundación Proa en 2011 fue el resultado de mi trabajo como archivista de la artista desde 2002 a 2010 (el año en que ella murió). Durante mi estancia en Buenos Aires, el pasado mes de marzo, me reuní con Eduardo Costantini quien me invitó a incorporarme al Malba y armar un programa internacional en colaboración con el equipo del museo. Y comenzaremos ahora, en marzo de 2012, con la exposición «Bye Bye American Pie». Luego, cerca de fin de año, seguiremos con la presentación de cuatro películas de la artista inglesa Tracey Emin.
P.: Dado el trasfondo psicoanalítico que poseen todas sus muestras, ¿cómo percibe esta ciudad tan apegada el psicoanálisis, una de las primeras megalópolis que amó el cine de Bergman?
P.L.S.: Para mí Buenos Aires es fantástica, en todo sentido. No sabía lo de Bergman, pero no me sorprende. La ciudad siempre me hace pensar en películas como «La Jetée», «The Night Porter» o «Alphaville». La cultura del psicoanálisis es algo que me fascina. Espero pasar tres meses de cada año en Buenos Aires, durante las exposiciones que curaré en el Malba.
P.: Desde ya, la cultura de Buenos Aires es amplia y abierta, pero no imagino cuál puede ser la recepción a una muestra tan dura como ésta. Pienso que la Argentina es «formalista» en un doble sentido, el de la formalidad y la subsistencia de algunos prejuicios sociales, aunque acaso son menores que los de los estadounidenses, y también es formalista en sus presentaciones artísticas y en lo que se entiende como arte.
P.L.S.: Los artistas de «Bye Bye American Pie» ya son históricos, canónicos, clásicos, aunque presentamos obras muy recientes, como «Train» de Paul McCarthy y las serigrafías de Jenny Holzer. Todos ellos, los seis, han expuesto en los mejores museos del mundo. Todos han logrado un alto nivel de invención formal. Creo que es importante dar al público porteño la oportunidad de conocer estas obras de artistas tan importantes.
P.: La exhibición trata sobre la pérdida de la inocencia, pero ¿esto implica también la pérdida de la inocencia del espectador?
P.L.S.: No sabía que la inocencia del espectador aún existía en la época de Internet. En las películas e incluso los realities actuales, hay manifestaciones explícitas y perturbadoras de la sexualidad adolescente y el bajo mundo de las drogas. Me sorprendería si algún espectador se desmayara ante las fotos de «Tulsa» de Larry Clark. La muestra trata de la pérdida de la inocencia de una generación y el fracaso de cierto sentido de la coherencia y la confianza en el proyecto estadounidense. Warhol nos da la cultura estadounidense en su momento triunfal, en pleno apogeo, y muestra solo un matiz de la decadencia; los seis artistas de «Bye Bye American Pie, como herederos de Warhol, de una manera o de otra, expresan y reflejan el momento en que comenzó la fragmentación de la cultura y el quiebre de una identidad nacional monolítica.
P.: ¿Cuál es la mirada que demandará la muestra y cómo la van a recibir todos aquellos que ante las atrocidades del mundo buscan algún consuelo en el arte?
P.L.S.: Claro que hay contenido fuerte en ciertas obras que integran la exposición. Hay drogas, hay sexo, está la violencia, está la muerte. Son aspectos reales de la experiencia vivida por los seis artistas, forman parte de la historia de su tiempo, un tiempo que acaba por desembocar en el nuestro. El arte es una forma de verdad y un sistema de conocimiento. Espero que «Bye Bye American Pie» entusiasme y cause emoción al espectador que no tiene familiaridad con la obra de Bárbara Kruger, Nan Goldin, Jean-Michel Basquiat y el resto de los artistas. El registro de las emociones que ellos ofrecen es muy grande, va desde la belleza hasta el dolor. La tesis de la muestra es muy específica, relaciona a los artistas con el contexto de su tiempo, pero a la vez, todos ellos conservan sus identidades y sus voces particulares.
P.: Me pregunto cómo se interpreta, por ejemplo, la imagen de George Bush sodomizando un cerdo.
P.L.S.: Se refiere a «Train», la obra de Paul McCarthy en la que dos figuras distorsionadas del ex presidente Bush están teniendo sexo con cerdos. Yo diría que es una imagen de lo que Bush ha hecho a su país y al mundo. McCarthy ve que las acciones de Bush son manifestaciones no solo de su propia psicología sino de la de la cultura estadounidense. Las cabezas de Bush contienen un detector
de movimiento que responde a la posición del espectador dentro de la galería, el dispositivo sirve para implicarlo. El acting out de Bush ha tenido consecuencias profundas para el mundo entero. A la vez, Bush no es nada más que un símbolo y un aviso para otros. «Train» me parece una especie de realismo.


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