El ministro Daniel Chain, con casco reglamentario en el interior del Colón, promete música para abril de 2010, en el Bicentenario.
Ayer, a casi una semana de las elecciones, el Gobierno Macri decidió exhibir por primera vez (de forma más abierta al menos) el estado de las obras en el Teatro Colón. Hubo antes visitas sectorizadas, presentaciones de power points, informaciones sobre plazos y presupuestos, pero la rendija que se abrió ahora permitió observar un poco más. Al menos, que desde noviembre del año pasado hasta hoy, los trabajos en hall de entrada y sala principal se han intensificado, con la participación de un piso de 600 trabajadores por día.
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Por delante del edificio histórico, recubierto de andamiajes y telas, se alza desde ahora sobre la esquina de Libertad y Toscanini una especie de pabellón recreativo temporario llamado Centro Vivencial del Teatro Colón, que se inaugurará en los próximos días. Su objetivo es que los particulares, y los chicos de las escuelas en especial, tomen contacto en ese Centro con las obras que se vienen llevando a cabo en el Colón. A la entrada, una gigantesca leyenda en letras plateadas cita a Luciano Pavarotti: «El Colón tiene un solo defecto: su acústica es perfecta. Imagínense lo que significa eso para un cantante: cualquier error que cometa se notará de inmediato». La dijo en 1987, antes de su única actuación en ese teatro como Rodolfo en «La Bohème».
La frase recuerda de inmediato ese valor casi mágico de la sala, la acústica, que, según los técnicos que trabajan en la obra, se mantendrá intacta pese a las reformas y los cambios de material. Necesarios, desde luego, porque el paso del tiempo, por un lado, y la desidia, por el otro, arremeten con todo. Pero cambios al fin, y riesgosos para la acústica. También se exponen allí vestuarios históricos, maquetas y documentos, y además -la época manda-, un sector de juegos interactivos.
El día favoreció la locuacidad del Ministerio de Obras Públicas, del que dependen las obras a partir del año pasado (antes también era responsabilidad de Cultura), pero durante el encuentro con la prensa, al menos, no estuvo presente el director general y artístico del Colón, Pedro Pablo García Caffi. El ministro Daniel Chain, rodeado de los técnicos de cabecera de la obra (Sonia Terrero, Sebastián Maronese, José María Cacciola, Andrés Shulman, Carlos Seminario, Eduardo Scagliotti, Rafael Sánchez Quintana y Gustavo Basso, entre otros), se entretuvo hasta practicando con un videogame en el sector de esparcimiento: hacía la demostración de cómo los escolares aprenderán cómo se construye una butaca, cómo se reempaña un palco, etcétera.
El ánimo no era el mismo en otros sectores: ayer mismo se conoció una medida cautelar favorable a los trabajadores del teatro, originada en el Juzgado 13, Secretaría 25 del juez Guillermo Scheibler, que ordena no innovar en la Resolución 7 del Ente Autárquico del Colón, que modificaba la estructura de conducción dispuesta por la ley de autarquía, y la Resolución 1.224 de los traslados de personal a otras dependencias municipales. Dicho en otras palabras: que se debería volver a foja cero antes de la sanción de la ley de autarquía.
Según Chain, el teatro estará operativo entre marzo o abril del año próximo. «En el verano, la sala principal ya estará nuevamente vestida, hacia marzo o abril lo estará el salón dorado y los accesos, con lo cual el teatro ya podrá funcionar normalmente», dijo, «y sólo en 2011 podrá estar concluido en su totalidad». Esa totalidad incluye los nuevos subsuelos en el pasaje Toscanini, donde funcionará un nuevo centro de documentación, archivo y biblioteca, y en otro, el área de control y monitoreo, que comprende la instalación de un tanque de agua de 430.000 litros, para eventuales incendios, que se pueden descargar en una hora.
Según el ministro, técnicos y arquitectos presentes ayer, «fue un milagro que nunca hubiese ocurrido un incendio en el Colón». Como ejemplo, señalaron que ya no había «almas [sostenes] en las bovedillas de los foyers laterales», y agregaron que el sistema del aire acondicionado, originado debajo del piso de la sala central, colisionaba con el sobretecho de los vestuarios de la rotonda del ballet, construido negligentemente a posteriori, «vestuarios donde además se fumaba», agregó la arquitecta Terreno.
Javier Fazio, asesor estructural, añadió otro dato: «Cuando se levantó el piso de la sala nos encontramos con una reliquia peligrosa: por el declive, muy cerca del foso de la orquesta, aparecieron monedas de todos los años y procedencias desde 1908, perlas de collares, falsas y auténticas, en fin, desechos históricos acumulados a lo largo de los años, que irán al museo del teatro. Claro, todo eso no debía estar allí, porque obstruía cables mal aislados de iluminación y de refrigeración».
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