21 de enero 2009 - 00:00

Asume un gabinete fuerte para capear la tormenta

Bill y Hillary Clinton ayer, durante la asunción de Barack Obama. El ala del Partido Demócrata que responde al ex presidente tendrá gran peso en la nueva administración.
Bill y Hillary Clinton ayer, durante la asunción de Barack Obama. El ala del Partido Demócrata que responde al ex presidente tendrá gran peso en la nueva administración.
Washington (enviado especial) - Hombres y mujeres de centro, la mayoría provenientes de la era Clinton, economistas respetados por el mundo financiero y algunos republicanos en puestos clave. Éstas son, a grandes rasgos, las características que tendrá el gabinete de Barack Obama, elegido durante un inusual período de transición que motivó que el mandatario electo se involucrara en decisiones de gobierno sin haber asumido.
Un pilar de la administración Obama será Hillary Clinton en el Departamento de Estado. La ex primera dama -que todavía espera a ser confirmada hoy por el Senado, donde fue cuestionada por las donaciones extranjeras recibidas por la fundación de su esposo- encontró de alguna manera un puente de plata tendido por su ex rival en las internas. Si quedaba instalada los próximos años como senadora por Nueva York, Hillary no habría podido siquiera comandar la bancada oficialista ni encabezar comisiones importantes, debido a un orden de jerarquías y antigüedades que rige en la política parlamentaria del país.
En un cargo de alto perfil como la representación exterior de EE.UU., la ex precandidata demócrata seguirá en los titulares de los diarios y, de paso, evitará tener que sobreactuar un obamismo que nadie le creería, o emprender la odiosa tarea de la crítica a su compañero de partido.
Su presencia al frente de la diplomacia prenuncia una política exterior con modos diferentes a los de George W. Bush, pero con un esquema de alianzas internacionales no muy diferente.
Como había anunciado durante la campaña, Obama apeló también a figuras republicanas para su equipo. El más emblemático de ellos es Robert Gates, quien seguirá a cargo de Defensa, donde fue nombrado por George W. Bush. Quien tuvo a su cargo la continuidad de la guerra de Irak tras la caída del halcón Donald Rumsfeld, tendrá ahora la misión de desactivarla.
Republicanos
Otro republicano sumado al gabinete presidencial es el ex legislador Ray LaHood en Transportes, un antiguo amigo de Illinois del nuevo mandatario.
Tras una disputa en sordina entre Timothy Geithner y el ex clintoniano Lawrence Summers, el primero fue electo para el Tesoro y el segundo debió conformarse con el puesto de asesor económico nacional. No es que entre ellos hubiera severas diferencias sobre cómo afrontar la crisis, sino que prevaleció la buena sintonía personal entre Obama y Geithner, quien también aguarda la aprobación del Senado, retrasada por algunos pecados fiscales.
Las elecciones de Obama para su gabinete dejaron, como no es posible evitar, a varios desencantados. Por un lado, los «liberals», el sector más progresista del partido, que tras ocho años de haber vivido una pesadilla que no habrían creído soportar, se entusiasmaron con que el arribo de Obama al poder era la oportunidad para, al menos, impulsar algunas de sus políticas.
Por otro lado, una humorada difundida entre miembros del equipo de campaña del presidente demócrata, citada por la prensa local, dice la mejor forma de conseguir un puesto en la administración de Obama es haber trabajado para la candidatura de Hillary.
Las quejas de los progresistas ya se hicieron sentir. Algunas organizaciones proaborto y a favor del casamiento homosexual pusieron el grito en el cielo cuando el pastor evangélico conservador Rick Warren fue nominado para pronunciar el mensaje religioso en la ceremonia de ayer. Para compensar, Obama concedió que el obispo homosexual Gene Robinson leyera una oración el domingo, en ocasión del recital en el Lincoln Memorial. El legislador Jim McGovern, de Massachusetts, admitió ante The Washington Post que le gustaría que la tendencia del Gobierno de Obama fuera distinta, «que se enfocara en otras prioridades».
Mientras caminaba cámara de fotos en mano por las inmediaciones del Capitolio en la gélida noche previa a la ceremonia de asunción presidencial, el empleado público Jerry Autom, de cerca de 60, un escéptico que se reconoció ante Ámbito Financiero como no demócrata ni obamista, alertó, lúcido, que «los liberales se van a desilusionar más rápido que el resto, porque tienen muchas expectativas y los problemas son muy importantes».
Limbo
Las expectativas de los progresistas podrían no defraudarse con la gestión de Eric Holder como fiscal general, quien tendrá una importante tarea para desactivar el limbo de Guantánamo y, eventualmente moderar el entramado legal ideado por Bush tras los atentados del 11 de setiembre.
En tanto, el general de los marines James Jones, un hombre que estuvo cerca de John McCain en la campaña, tendrá a su cargo la estratégica Consejería de Seguridad Nacional, en un puesto en que algunos analistas anticipan que chocará con Hillary Clinton.
Para la Secretaría de Energía, un premio Nobel de Física, Seven Chu, y en Seguridad Nacional, la ex gobernadora de Arizona Janet Napolitano.

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