19 de julio 2011 - 00:00

Atentado: AMIA pidió “hechos concretos” en la investigación

Los ministros Amado Boudou y Héctor Timerman, y tres familiares de víctimas del atentado contra la AMIA, rodean a la presidente Cristina de Kirchner. El acto evidenció divisiones en la comunidad judía.
Los ministros Amado Boudou y Héctor Timerman, y tres familiares de víctimas del atentado contra la AMIA, rodean a la presidente Cristina de Kirchner. El acto evidenció divisiones en la comunidad judía.
Esta vez fue demasiado lejos y pagó el precio; Sergio Burstein, autodenominado representante de los familiares de las víctimas del atentado contra la AMIA, fue expulsado de los actos recordatorios de ese ataque terrorista. El orador atacó duramente a la dirigencia comunitaria, al rabino Sergio Bergman, al jefe de Gobierno, Mauricio Macri, y a un periodista.

Fuentes de la AMIA confiaron a este diario que «fue la última vez que Burstein participó de un acto de recordación organizado por nosotros».

Un comunicado oficial distribuido anoche por la mutual judía dice que «el orador por Familiares y Amigos de las Víctimas del atentado a la AMIA se refirió en forma descalificatoria al rabino Sergio Bergman, al periodista José Eliaschev y a distintas instituciones de la comunidad judía argentina». Agrega que la entidad «no se siente representada por ese discurso y ratifica las palabras de nuestro presidente».

¿Qué dijo el titular de la mutual? «Señora presidente: gracias por venir, pero no es suficiente. Necesitamos justicia de inmediato». Con esa frase Guillermo Borger, presidente de la AMIA, cerró su discurso de ayer. El dirigente reclamó «hechos concretos» y recordó que hace dos años un fallo de la Corte Suprema de Justicia ordenó juzgar nuevamente a Carlos Telleldín, uno de los sindicados como miembro de la denominada «conexión local».

«Le pedimos al fiscal Alberto Nisman que reactive la causa y llevar a juicio al resto de los que colaboraron con el atentado. Fuimos optimistas: nos equivocamos otra vez... Fue más de lo mismo», enfatizó Borger. «A dos años del fallo de la Corte, las medidas tomadas son insuficientes e inconducentes, y hoy no hay ni un preso, ni una pista, ni una prueba».

En sentido inverso, Sergio Burstein desgranó un discurso de campaña en el que no ahorró insultos contra el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, el candidato electo a la Legislatura por el PRO Sergio Bergman, la dirigencia comunitaria y hasta contra el periodista Eliaschev, que había denunciado supuestas negociaciones entre el Gobierno nacional y el de Siria.

El acto de ayer fue uno de los menos concurridos y más caóticos de los 16 que se suceden cada año para recordar a las víctimas del peor atentado terrorista de la historia argentina. Resultó incomprensible la interpretación de Susana Rinaldi -destemplada y a capella- del clásico de Pete Seeger «We Shall Overcome», en versión castellana, y el discurso «ad lib» que la conductora Mónica Gutiérrez agregó fuera de programa.

Sin embargo, lo más importante es que quedó en evidencia la división que existe hoy en la comunidad judía, con una AMIA que no logra elegir autoridades y una representación de las víctimas reducida a sólo dos familias (los Burstein y los Degtiar). El total de muertos en el atentado fue de 85, y los heridos, más de 300.

Lo inédito fue que Burstein fue abucheado por buena parte de la concurrencia, sobre todo cuando dijo que «ese aforista religioso, Sergio Bergman, utiliza el miente, miente, que algo quedará». Todos sabían que la frase fue acuñada por quien fue ministro de Propaganda del régimen nazi Joseph Goebbels; comparar a un rabino devenido en político opositor con un jerarca nazi pareció un despropósito hasta para los defensores más acérrimos del Gobierno nacional.

También silbaron a Burstein cuando afirmó: «Macri nos odia, nos desprecia». El jefe de Gobierno, avisado de que sería blanco de las diatribas de este orador, eligió no concurrir al acto.

Cuando arreciaban los gritos acusatorios contra Burstein, su hija tomó el micrófono y dijo: «Esto es lo que pensamos, y al que no le gusta que se vaya», contradiciendo el espíritu pluralista con el que se convocan estos homenajes. De hecho, buena parte de la concurrencia comenzó a retirase por Pasteur hacia Corrientes antes de que Burstein completara su discurso. Otros se quedaron para gritarle durísimas imputaciones que circulan como rumores en la comunidad desde hace años.

Fue evidente la incomodidad que ganó en ese pasaje del acto a los ministros presentes, Aníbal Fernández, Amado Boudou, Alberto Sileoni, Carlos Tomada, Florencio Randazzo y Héctor Timerman, más el senador Daniel Filmus. La Presidente, en tanto, soportó estoica y bajo el diluvio todos los discursos y las canciones que se sucedieron a lo largo de una hora y media. Cerca de ella se acomodaron, entre otros, los macristas María Eugenia Vidal y Cristian Ritondo, y los embajadores Daniel Gazit (Israel) y Vilma Martínez (EE.UU.).

En un pasaje de su discurso, Borger -un hombre de profundas convicciones religiosas- se esperanzó en que el de ayer «min hashamaim (quiera el Cielo) sea el último acto pidiendo justicia, y que el año que viene ya sólo sea de homenaje a las víctimas porque se encarceló a los culpables». Tristemente, muchos de los que se retiraban bajo la lluvia de esa cuadra del barrio de Once decían: «Éste es el último acto al que vengo», pero por razones totalmente distintas a las de Borger.

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