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Aumentó (poco) el consumo de carne; los precios, un 17%
Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior.
Desde diciembre de 2010 hubo una caída de alrededor del 30% en el consumo de los argentinos, que pasó de los 70 kilos que se registraban en 2009 a cerca de 50 kilos anuales actualmente, según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). La razón para este fenómeno es el crecimiento de los precios de la carne en las góndolas. Pese a que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, intentó mantener el consumo con los «cortes populares», una medida casi simbólica, fue imposible contener la huida de las carnicerías.
De todas maneras, el panorama de recomposición de stock vacuno en los campos parece iluminar el camino en los mostradores, ya que está aumentando la oferta. En enero el consumo promedio de carne bovina por habitante fue de unos 60 kilogramos, un alza del 13,7% respecto del mismo mes del año anterior, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Pese al aumento de ganado en los campos, para que un animal pueda terminar en una mesa se necesitan al menos 3 años, tal como lo explicó el titular del IPCVA, Gonzalo Álvarez Maldonado: «Después de esta pérdida de 11 millones de cabezas desde 2009, indudablemente la recuperación se va a dar, de a poco».
No obstante, los precios siguen su escalada pese al repliegue del consumidor, según detalló ayer a este diario la titular del Centro de Educación al Consumidor (CEC), Susana Andrada. La paleta cuesta actualmente $ 35,90 el kilo con una variación del 11% respecto del mes anterior; el roast beef vale $ 32,90 con un aumento del 15%; el osobuco se vende a $ 19,90, un 25% más caro que en febrero; y la entraña cuesta $ 47,90 el kilo con una suba del 17%. Pero ni siquiera el sustituto más económico para la carne vacuna logra sostener sus valores. El pollo entero por kilo cuesta $ 11,90, un 17% más caro que en febrero, según datos del CEC.
Reconfiguración
El panorama obligó a una reconfiguración de las carnicerías, que desde 2010 «debieron incorporar los preparados (milanesas, matambre, albóndigas) y sumar verdulerías en los locales para poder pagar los alquileres», dijo ayer a este diario el vicepresidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de Capital Federal, Alberto Williams. «Hace dos años hubo problemas para renovar los alquileres, y ahora todo se estancó», siguió el dirigente.
Sin embargo, Williams aseguró que «los cortes de consumo masivo siguen estables. Sólo puede subir el consumo premium porque el ternero está libre (de controles del Gobierno)». Agregó que «la gente le puso un precio a la carne, por eso no puede subir más, pero ese tope también generó una merma para el carnicero».
Otra de las caras visibles de la crisis ganadera es el cierre de frigoríficos, que actualmente mantiene expectantes a más de 1.500 trabajadores por una reducción en la faena de animales, tal como denuncia el sindicato de trabajadores de la carne.
Los dirigentes realizaron un pedido al Gobierno por políticas para el sector que impulsen la actividad, un reclamo que se repite desde 2009, y que incluye la demanda para que se liberen las exportaciones de carne. Actualmente, Moreno permite comercializar a los frigoríficos exportadores 3 millones de toneladas a cambio de que un millón se destinen a la venta de cortes populares.


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