La acción, ya bautizada "flood the zone strategy" ("Inundar la zona estratégica"), arrancó a gran escala en vista de la cumbre del G20 de San Petersburgo, donde el jueves y el viernes Obama se reunirá con los principales líderes mundiales, dispuesto a lanzar una ofensiva diplomática dirigida a recaudar el mayor número de consensos posible.
Obama recibió a los republicanos John McCain y Lindsey Graham, senadores por Arizona y Carolina del Sur, respectivamente, ambos a favor de una intervención aún más decidida contra Siria respecto de la más limitada delineada por la Casa Blanca.
Tras el encuentro, Obama parecía estar listo a modificar el lenguaje del borrador de resolución con el que se pide al Congreso la autorización para el uso de la fuerza en Siria. Este respaldo podría ser crucial para lograr el aval parlamentario, una institución que en los últimos años ha sido impredecible.
McCain y Graham manifestaron a la prensa que se está cristalizando una estrategia que no sólo le restará fuerzas al régimen sirio, sino que se tratará de "un plan muy sólido para reactivar a la oposición". Los republicanos hicieron hincapié en que ahora el Congreso decidirá si Estados Unidos va a emprender una acción militar contra Siria, pero advirtieron que un voto negativo sería "catastrófico" y "destrozaría" la credibilidad de Estados Unidos, advirtieron.
El mensaje lanzado por la Casa Blanca es que una acción contra Al Asad es, sobre todo, un deber moral. Y en este sentido, Obama logró el apoyo virtual del "número uno" de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, quien, pese a reiterar que por el momento no hay espacio para una acción de la Alianza Atlántica, enfatiza la necesidad de una respuesta. "Un ataque con armas químicas no puede ser ignorado y quedarnos parados significaría dar la respuesta equivocada a todos los dictadores del mundo", afirmó.
Mientras tanto, el rechazo de la Cámara de los Comunes británica a una participación del Reino Unido en una estrategia internacional en contra del régimen sirio y la decisión de Obama de someter al Congreso su decisión de liderala, generó un debate interno en Francia, donde la oposición le exige al presidente François Hollande que también lleve su postura al Parlamento. Pero el primer ministro, Jean Marc Ayrault, ratificó que no es necesario recurrir a la Asamblea Nacional para una acción militar "firme y proporcionada" contra Siria.
Para justificar su posición, el Gobierno presentó pruebas que implican a Al Asad con los ataques del 21 de agosto pasado en la periferia de Damasco, que dejaron 1429 muertos. De acuerdo con los servicios de inteligencia franceses, se trató de una ofensiva "maciza y coordinada" que la oposición "no sería capaz de cumplir" con las armas que cuenta hasta el momento, explicaron los agentes de inteligencia.
La posición del presidente se tornó decididamente incómoda, entre la ironía de los analistas políticos sobre su "fuga anticipada" que lo dejó aislado en el escenario internacional y los reclamos contundentes de que pase por el Parlamento una eventual misión armada. Reclamos que no sólo llegan de la oposición de centroderecha, sino de los aliados de Europa Ecología Los Verdes.
La insistencia de la comunidad internacional le valió otra advertencia de Al Asad: "Todos perderán el control de la situación cuando el barril de pólvora explote", advirtió en una entrevista con el periódico francés Le Figaro. "El caos y el extremismo se expandirán. El riesgo de una guerra regional existe", subrayó.
| Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA, y Ámbito Financiero |


Dejá tu comentario