24 de abril 2009 - 00:00

Avatares de la cumbre

La falta de costumbre del Gobierno de realizar conferencias de prensa provocó más de un tropiezo. No se contempló que hubiera una traducción simultánea del portugués al español. A un punto tal que la propia presidente Cristina tuvo que pedir un traductor, quien al oído le iba transmitiendo tanto las preguntas de los periodistas brasileños como las respuestas de Lula.

Tan acostumbrados están en la Casa Rosada a desplazar a los periodistas que al principio no los dejaban ingresar al Salón Sur, donde se llevó a cabo la conferencia. Finalmente, aclarado el malentendido, ingresaron los medios de prensa, pero no previeron dejar sillas para los ministros, obligándolos a seguir la conferencia de prensa parados desde el Salón Blanco. A pesar de que hacía rato que había pasado la hora del almuerzo y se hacía tarde para ir al Palacio San Martín, al presidente de Brasil se lo notó distendido y con ganas de tomarse su tiempo para responder las preguntas.

La presidente Cristina de Kirchner se mostró con simpatía al principio; luego no pudo con su genio y no dejó de criticar las preguntas que efectuaron tanto periodistas locales como colegas internacionales. Es más, le dijo a Lula que quien formulaba la pregunta referida a si Brasil había intercedido ante Obama por la Argentina, «es periodista del diario que publicó la noticia, lo cual no quiere decir que sea cierta».

Ambos mandatarios se sorprendieron por la pregunta referida a la situación del presidente de Paraguay, Fernando Lugo (respecto de que esté cuestionada su gobernabilidad por los reclamos de paternidad) y rechazaron de plano opinar sobre una cuestión que calificaron de la vida privada del mandatario paraguayo. En este contexto, Cristina volvió a retar al periodismo al señalar que «son cosas que ponen color en los medios de comunicación», descalificando la pregunta.

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