Ejemplo de resiliencia en el mundo sindical, el gastronómico fracturó las 62 Organizaciones y explora alianza con Caló.
Luis Barrionuevo.
Los únicos ausentes en el proceso de reestructuración de la CGT, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, lo son por razones diversas: el camionero, por decisión propia, en desacuerdo con la dirigencia tradicional por su acercamiento con el Gobierno, y el gastronómico por determinación de sus pares, hastiados de su acción pendular y de sucesivas traiciones a cada una de las alianzas político-sindicales que teje. Ante ese panorama, el mentor de la frase "hay que dejar de robar por dos años" busca romper el cerco y colarse en las internas de la central para retener espacios de poder en la nueva conformación de su conducción.
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Imposibilitado de negociar a cielo abierto, Barrionuevo debió por primera vez valerse de aliados circunstanciales para frenar la sangría de sindicalistas de su núcleo y generarse espacios de influencia. El segmento más explorado por el gastronómico hasta ahora fue las 62 Organizaciones, el sello sindical con mayor alineamiento a Mauricio Macri y que se vio sacudido por una interna en las últimas semanas. En paralelo, no obstante, también mantuvo contacto con un sector diferenciado de los grandes bloques como los "gordos" y los "independientes" de mayor tradición en la CGT: el que lidera Antonio Caló, de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), asociado a los mecánicos del SMATA y sin una postura definida para la renovación de la central obrera.
En las 62 Organizaciones el vehículo de Barrionuevo fue Horacio Valdéz, jefe del sindicato de obreros de la industria del vidrio (Soiva). Valdéz inauguró una suerte de nuevo sello en paralelo con el sufijo "Peronistas" para diferenciarla de la actual 62 a la que denominan "Cambiemos" y que retuvo la mayoría absoluta con protagonismo central para Oscar Mangone (empleados del gas), los petroleros Guillermo Pereyra y Antonio Cassia, Ramón Ayala (rurales, Uatre, su líder formal) y Juan "Cacho" García, de los estacioneros del interior.
El dirigente del vidrio, auspiciado por el gastronómico, dijo haberse llevado consigo a medio centenar de sindicatos. En una reunión inaugural de la semana pasada en el gremio de recibidores de granos (Urgara), la mano de Barrionuevo quedó expuesta por la presencia de uno de sus delegados, Roberto Solari, referente de los guardavidas. Hasta Moyano envió a un representante, Octavio Argüello, exdiputado nacional y armador del partido del camionero por la Cultura, la Educación y el Trabajo (CET).
La interna en las 62 Organizaciones había tenido un anticipo con el despido de Mabel Miele, una secretaria histórica de Gerónimo Venegas, por parte de Ayala, su sucesor en Uatre y en "el brazo político del movimiento obrero". Como contó este diario, la salida de la mujer de su cargo levantó quejas de varios de quienes luego se retiraron de la "Seis Dos".
Los dirigentes que retuvieron el sello no manifestaron mayor preocupación por la escisión, que además de Valdéz produjo apenas las salidas de Marcelo Peretta (empleados de farmacias) y Marcelo Pariente (motoqueros) del esquema de conducción. Pero en todos los casos se ocuparon de destacar el rol de Barrionuevo para promover esa ruptura.
Para el gastronómico se trata de un mecanismo de supervivencia. Con el triunvirato de la CGT con fecha de defunción y asegurada la salida de ese esquema de su delegado, Carlos Acuña (de empleados de estaciones de servicio) y rota su alianza con Moyano, a quien abandonó días antes de la marcha del 21 de febrero, Barrionuevo se vio obligado a buscar nuevos horizontes para desplegar sus mejores armas: el tráfico de contactos políticos (a pesar de que en Cambiemos los funcionarios en su mayoría lo desconocen) y el paraguas gremial que llegó a tener como líder de la CGT Azul y Blanca, que funcionó en paralelo por varios años con otras versiones de la central sindical.
Con esa premisa el gastronómico apuró otros nexos para recomponerse internamente. En esa línea encontró en Caló al líder del mayor gremio industrial suelto de los grupos más poderosos de la CGT (y que ya acordaron encumbrar a Héctor Daer como próximo secretario general a solas) y expectante de tejer asociaciones para tallar con más fuerza en un futuro congreso de elección de autoridades, el principal hobby de los dirigentes por estos días. Será cuestión de tiempo establecer si esas conversaciones prosperarán en algo más sustentable.
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