2 de abril 2013 - 00:14

Bazar electoral: entrevero por sello K

Bloquearon el nombre “unidos y organizados”. Partidos en espera. Plazos y el precio de una marca electoral

Cristina de Kirchner se puso al frente el 27 de abril de 2012 de la presentación “política” de Unidos y Organizados, nombre que se pretendió inscribir como sello electoral.
Cristina de Kirchner se puso al frente el 27 de abril de 2012 de la presentación “política” de Unidos y Organizados, nombre que se pretendió inscribir como sello electoral.
Fue, por un rato, el emblema del purismo K: el brazo que cobijó, al amparo de La Cámpora, a las expresiones en teoría no contaminadas del oficialismo, la versión 2012

de la transversalidad, pero con el componente primordial de la juventud. Eso fue apenas Cristina de Kirchner lo presentó en sociedad el 27 de abril del año pasado, Unidos y Organizados.

Tanto protagonismo avivó a los pícaros y así fue como en la Justicia electoral de al menos dos provincias, Salta y Buenos Aires, se registraron partidos con el nombre Unidos y Organizados, que los pasos posteriores revelaron que no cuentan con el guiño oficial de la Casa Rosada. De hecho, en la provincia norteña ya se impugnó la marca electoral desde el kirchnerismo y en la Justicia bonaerense eso ocurrirá en estos días.

Por intermedio de Kolina, la marca electoral que patrocina la ministra y futura candidata Alicia Kirchner, y quizá también desde el PJ se objetará el nombre Partido Unidos y Organizados como marca electoral. Más allá del bloqueo al intento de "capturar" una denominación claramente vinculada al kirchnerismo, la decisión tiene un mensaje puntual: la Casa Rosada concibe a UyO como una herramienta política y no como un instrumento electoral.

Simple: para la logística de los comicios de 2013, Cristina de Kirchner mantendrá el Frente para la Victoria (FpV), conglomerado de partidos múltiples: del PJ al partido de la Victoria, del Frente Grande al Partido Comunista (PC), a los que se agregarán otras marcas como, por caso, Kolina, que tiene personería en doce provincias, entre ellas Buenos Aires, donde se da por hecho que la ministra de Desarrollo Social será candidata (ver pág. 9).

A su vez, Unidos y Organizados bajó su visibilidad pero sigue activo: dos semanas atrás, por caso, Andrés "Cuervo" Larroque, que como jefe del neocamporismo también oficia de coordinador mayor de UyO, reunió a referentes de partidos chicos y patrullas perdidas como parte de un ejercicio de contención.

Pero, sobre todo, para explicar que el renacer del peronismo K -expresado en el Grupo Santa Teresita y la cumbre de Paraná- no debe leerse como un retroceso de Unidos y Organizados, sino como un "complemento".

La disputa en la Justicia electoral en torno a la marca Unidos y Organizados es uno de los chispazos propios de la temporada electoral cuando se quieren crear partidos, otros bracean para mantener la personería y los apoderados se tirotean reservando nombre y afiliados. Ese bazar electoral está en plena ebullición. Veamos: 

  • La Cámara Nacional Electoral reconoce la existencia de 34 partidos nacionales y 509 partidos de presencia, entre los cuales figuran, por ejemplo, las veinticuatro expresiones locales del PJ o la UCR; de hecho para ser un partido nacional es imprescindible tener reconocimiento en, al menos, cinco provincias. En ese paquete están desde el MID, el partido de personería más antigua, que data de abril de 1963, hasta el Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), resucitado en julio de 2012. De esa lista profusa de marcas electorales pueden luego nutrirse, a cambio de una "consideración", candidatos sin partido. 

  • Hay, mientras tanto, un número de partidos a la espera del OK judicial. Entre ellos figuran MILES; el sello de Luis D'Elía, reconocido por la Justicia federal pero que tiene pendiente el guiño de la Junta Electoral bonaerense; el Partido FE de Gerónimo "Momo" Venegas; el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo de Hugo Moyano -que en una audiencia tuvo que cambiar el nombre-, así como el sello MEJOR de Felipe Solá, o PARTE, de Alberto Fernández. 


  • La reforma electoral de 2009 tuvo como objetivo no manifiesto desmalezar la jungla de los partidos y las agrupaciones electorales. Se agudizó la exigencia para mantener la personería, aumentaron los controles, y el trámite para formar un partido se volvió más exigente: se instauró, por caso, la instancia del 4 por mil de "adhesiones" -las fichas "amarillas", en la jerga-, que son recién el paso previo para luego tener afiliados, rubro en el que también se incrementó el control.
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