28 de enero 2009 - 00:00

Bergara: estudia Scioli táctica del ‘‘día después’’

Leonardo Bergara salió ayer junto a su esposa de la DDI de Quilmes en medio de una carrera frenética. El empresario secuestrado intentó que la prensa no le viera la cara ni se le acercara.
Leonardo Bergara salió ayer junto a su esposa de la DDI de Quilmes en medio de una carrera frenética. El empresario secuestrado intentó que la prensa no le viera la cara ni se le acercara.
Con la investigación en «etapa decisiva», Daniel Scioli se enfocó ayer en evaluar la táctica con la que encarará el episodio Bergara, incidente de inseguridad más delicado -por el impacto po-lítico- desde que asumió la gobernación en diciembre de 2007.
Por un lado, se reunió con su vice, Alberto Balestrini, para analizar, entre otros temas, las repercusiones y los alcances del secuestro del empresario Leonardo Bergara, y lo mismo hizo con sus principales colaboradores: su hermano y secretario general, José Scioli; y su jefe de Gabinete, Alberto Pérez.
El Gobierno no se mueve, todavía, de su podio de prioridades. Así como Scioli le dijo, anteayer, a Ambito Financiero que la principal indicación es desbaratar la banda que efectuó el secuestro y en la que aparecen complicados al menos tres efectivos de la Policía Bonaerense.
Sin embargo, como medida posterior, no se descarta que haya una serie de medidas operativas, pero también políticas, referidas a la estructura y el funcionamiento de la Policía Bonaerense. «Se están estudiando posibles medidas», se dijo ayer desde La Plata.
Es la consecuencia de un día cargado de versiones, como fue el lunes, cuando se habló de cambios en la cúpula de la Policía; entre ellos, la versión de la remoción del jefe de la fuerza, Daniel Salcedo. Los rumores también rozaron al ministro de Seguridad, Carlos Stornelli.
Pero fue Scioli, para apagar ese clima de incertidumbre, quien salió a ratificar a la cúpula y al ministro. De todos modos, dejó abierta la posibilidad de cambios futuros una vez que se produzca lo que consideró como urgencia principal: la detención de la banda que mantuvo cautivo a Bergara.
Pero Scioli y su equipo de colaboradores más estrechos entienden que por la dimensión del caso Bergara, sería «imprescindible» dar una «señal de fuerza» hacia adentro de la Policía, sobre todo si se interpreta que el hecho fue un mensaje hacia su Gobierno.
Lo que, por ahora, no se termina de definir es cuándo y en qué debería consistir esa señal. ¿Sirve remover al jefe de la Bonaerense o es, en realidad, hacer lo que en teoría pretenden los que quisieron mandar un mensaje a lo más alto del poder político?
Si se trata de una interna policial: ¿cambiar a Salcedo, considerado más un técnico que un operativo -sin experiencia de calle-, no implicaría actuar en la dirección que quieren los supuestos retirados a los que se atribuye actuar para complicar al Gobierno?
Hay, sin embargo, otra mirada: la que sostiene que la conducción de la fuerza, en ese caso Salcedo, es responsable por la numerosa intervención de efectivos policiales en el hecho. Según esa postura, el jefe de la Bonaerense debería dejar su puesto.
El trasfondo es complejo. El hecho aparece plagado de datos sugestivos, como el lugar donde se ordenó pagar el rescate -muy próximo de donde apareció el cadáver de José Luis Cabezas-, los llamados al teléfono de un policía por parte de los secuestradores y la aparición del secuestrado en la propiedad de otro uniformado.
Todos indicios, según la interpretación política, de que se trató de una operación para involucrar a uniformados en el hecho. Por lo pronto, cuatro policías permanecen detenidos -ayer se entregó otro- mientras que otros y un ex policía tendrían vínculos con el secuestro.
Por eso, desde el Frente para la Victoria, se apuntó contra elementos residuales de la Maldita Policía. Lo dijo el diputado Fernando «Chino» Navarro, titular de la Comisión Bicameral de Seguridad de la Legislatura bonaerense.
Coincidió con la preocupación que por el tema se generó también en la Casa Rosada.

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