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Bergman virado a la comedia con dos magníficos actores
Intensa, entretenida y con mucho para identificarse, sobre todo si se va en pareja, “Escenas de la vida conyugal” ofrece buenos diálogos, un interesante debate sobre sexo y las magníficas interpretaciones de Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli.
Ingmar Bergman desplegó este perspicaz retrato de la vida matrimonial, en una miniserie para la televisión sueca, encabezada por dos de sus actores favoritos Liv Ullman y Erland Josephson. Con un formato más reducido luego lo distribuyó en cine, hasta que finalmente lo adaptó para el teatro. Fue, sin duda, una decisión acertada, dado que la actuación en vivo provoca una excitante incomodidad y hace que los cruces de esta pareja desgastada por la rutina y la insinceridad se vivan desde la platea como una suerte de "rounds", en donde los protagonistas van perdiendo su educación y compostura, arrastrados por una andanada de deseos y emociones fuera de cauce.
Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli establecen una amable complicidad con el público al presentar cada escena con su correspondiente título antes de adentrarse en las distintas etapas de este matrimonio en crisis.
Luego de diez años de convivencia, Juan y Mariana deciden separarse (por una infidelidad de él) y durante los quince años siguientes deberán aprender a vincularse desde otro lugar.
Aunque su historia resume los aspectos más universales de la vida conyugal, cuesta aceptar la excesiva indulgencia de ella, y en particular, cuando su ex se resiste a ver a sus hijas porque le resultan insoportables. Seguramente una madre latina haría muchos más reproches; pero el dato pierde importancia ante la convincente humanidad de estos personajes que llevan sus contradicciones a flor de piel.
La puesta de Norma Aleandro -quien protagonizó la pieza en 1994 junto a Alfredo Alcón- confirió a los personajes gestos y expresiones más afines a nuestra idiosincrasia. Las magníficas actuaciones de Darín y Bertuccelli hacen el resto.
La obra parece haber virado hacia la comedia. Hay escenas que están más cerca de Woody Allen que de Bergman (lo que tal vez algunos agradezcan). Por otro lado, la intimidad de esta pareja es tan "conversada" y tan pasional a la vez, que bien podría reflejar la interna de cualquier matrimonio argentino; sólo que aquí sus protagonistas son muchísimo más sinceros, menos prejuiciosos y no se aferran al rencor.
Bertuccelli arranca carcajadas con los violentos cambios de humor de su personaje y Darín la acompaña sobriamente como ese marido tolerante y diez años mayor que un día patea el tablero. A partir de ese momento la obra crece en intensidad y ambos personajes asumen sus conflictos con una mayor complejidad emocional: la desolación de Mariana ante el inesperada infidelidad de su marido, el quiebre de éste cuando lo pierde todo y extraña la estabilidad conyugal que antes despreció, el coqueteo entre ambos después de dos años de separación, la conflictiva firma de los papeles de divorcio. Son escenas conmovedoras que aunque provoquen hilaridad por las impulsivas reacciones de sus protagonistas también contienen una apreciable carga de dolor y abismo existencial que convendría preservar de las constantes risas del público.
Intensa, entretenida y con mucha tela para cortar (sobre todo si se va en pareja), "Escenas de la vida conyugal" ofrece buenos diálogos, un interesante debate sobre sexo y dos magníficos intérpretes.


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