Bienvenida reposición de “Der Freischütz” de Weber

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Buenos Aires Lírica. «Der Freischütz», ópera en tres actos de C. M. von Weber. Libreto de F. Kind. Orq. y Coro Bs. As. Lírica. Pta. en esc.: M. Marmorek. Dir. mus.: J. Logioia Orbe (Teatro Avenida, 20 de mayo). 

Una de las óperas más hermosas y trascendentes en la historia del género, «Der Freischütz» (título cuya traducción correcta, «El cazador que tira balas mágicas», suele simplificarse como «El cazador furtivo» o «El francotirador»), volvió a subir a escena gracias a la excelente iniciativa de Buenos Aires Lírica, que ya la había incluido en su temporada 2005. En este fabuloso Singspiel estrenado en 1821, Carl Maria von Weber (también director de orquesta, crítico musical y pianista brillante) toma la posta de sus antecesores Mozart («Flauta mágica»), Beethoven («Fidelio») y otros, y crea la que hoy es considerada la ópera fundacional del Romanticismo y una de las primeras de ambientación germánica.

El argumento plantea un pacto fáustico entre un cazador, Max (que debe ganar un concurso de tiro para asegurarse la mano de su prometida, Agathe) y Caspar, antiguo pretendiente de la muchacha y emisario diabólico, que le asegura el triunfo si dispara con las famosas balas mágicas.

Aunque conservando a la pareja protagónica de aquella producción, esta vez la asociación dejó la régie en manos de la debutante Mercedes Marmorek, cuyo planteo escénico deparó pocas sorpresas. Sin dudas «Freischütz» es una ópera de grandes contrastes, que en esta versión no llegaron a ser plasmados totalmente.

En especial la escena de la Cañada del Lobo, fantasmagórica, dantesca, en la que Weber desplegó una variedad de efectos orquestales y vocales que prefiguran a Wagner, no tuvo el «crescendo» dramático que plantean el libreto y la música; por otra parte, la idea de ubicar en este cuadro al coro en los palcos «avant-scène» le restó gran parte de la magia al dejar visibles las voces infernales. De impecable factura, como suelen serlo los de Buenos Aires Lírica, resultaron los rubros de escenografía y vestuario, a cargo de María José Bezzosi y Lucía Marmorek, respectivamente.

Afortunadamente lo musical, responsabilidad del experimentado Javier Logioia Orbe (quien estuvo apoyado en un buen cuadro de cantantes y en la solvencia del Coro y la Orquesta de la asociación), hizo de este «Freischütz» un espectáculo para ser disfrutado. La todavía joven soprano Carla Filipcic Holm, de prodigiosa vocalidad y musicalidad, se llevó las mayores ovaciones cantando con inteligencia, articulando el idioma a la perfección también en los diálogos y dotando a su personaje de todos sus matices. Le sigue en orden de mérito el barítono Hernán Iturralde, un Caspar actuado con convicción y vocalmente imponente.

Un esforzado Enrique Folger (Max) no encontró las variedades dinámicas de su rol, mientras que Belén Rivarola (Ännchen) cumplió correctamente con su parte, aunque no es evidentemente el papel que mejor le sienta a su registro vocal. Tanto Gustavo Zahnstecher, que se lució como Kilian en su aria del primer acto, como Ernesto Bauer (Ottokar), Walter Schwartz (Kuno / Samiel) y Christian Peregrino pusieron su solvencia al servicio de esta partitura del genial Weber, cuyo regreso a la vida musical de Buenos Aires es siempre una noticia para celebrar.

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